Entre garzas tigre y nidos de cocodrilo, un grupo de ciudadanas y ciudadanos se ha dado a la tarea de limpiar una zona de manglares localizada a un costado de la Universidad del Caribe, en la ciudad de Cancún, que ha sido convertida indebidamente en cementerio de perros y lugar para la realización de rituales de magia.
Claudia Hernández, integrante de la Asociación de Silvicultores, junto con Bernardo Hautenne, representante de la organización Blue Religion, llevan tres meses organizando brigadas de limpieza en el sitio, un pequeño humedal localizado en la esquina de la calle 82 y la avenida Bonampak.
Ambos, reportan que en ese periodo han encontrado perros muertos embolsados, objetos asociados a rituales de magia negra y una gran cantidad de basura, en un espacio que también alberga fauna protegida como la garza tigre y nidos de cocodrilos.
“Es un área que, desafortunadamente, se encuentra en la esquina y de paso de muchos carros, entonces pues hay mucha basura debido a que pues uno pasa y que tiran la botella, tiran el plástico, tiran el plato desechable. Entonces es un área que desafortunadamente se ha llenado de basura y esta basura pues ha llegado a los animalitos (…)
“Nos hemos encontrado con un cocodrilo que se estaba comiendo a un perro muerto, embolsado, porque también es un área en la que la ciudadanía la utiliza como cementerio de mascotas, ¿no?, pero ni siquiera las entierra porque las embolsa y las viene y las tiran. Entonces, todo eso se lo comen al final del día los animales, llega el cuerpo de agua y ahí pues se descompone y contamina al medio ambiente”, explica.

El hallazgo no es aislado. En cada visita –detalla– encuentran entre cinco y ocho cuerpos de perros, algunos recién arrojados, otros ya en descomposición.
“La última vez que vinimos fueron seis bolsas con perro muerto. Ahorita que llegamos ya se sentía el aroma”, relata.

Basurero de brujería
La lista no termina ahí. Entre la basura acumulada —botellas, latas, platos de unicel, bolsas y envolturas— han aparecido más de 50 objetos que parecen formar parte de rituales.

“Durante la limpieza hemos encontrado trabajos incluso de brujería, ¿no?, de magia negra. Hemos encontrado cuadros, frascos con cosas adentro, ¿no? Como ropa, fotos, huevos, cosas muy extrañas, la verdad.
“Incluso nos hemos puesto a pensar que a lo mejor es un sitio recurrente donde vienen a dejar esas cosas, porque sí, han sido fácil más de 50 objetos que hemos encontrado a lo largo de estas jornadas de limpieza que hemos realizado. Y pues también veladoras dentro del manglar”, describió.

Hábitat de cocodrilos
El manglar, de unos 300 o 400 metros de largo por 100 de ancho, no solo es hábitat de fauna silvestre, sino también un sitio de reproducción para los animales.
Ahí, han contabilizado entre 12 y 18 cocodrilos, la mayoría crías de 80 centímetros a metro y medio, y un ejemplar mayor que consideran la madre. También han identificado al menos 12 especies de aves, incluida la garza tigre, protegida por la Norma Oficial Mexicana (NOM 059)

Como resultado de las cinco jornadas las y los activistas han retirado un promedio de 3 toneladas de residuos sólidos, entre los que destacan botellas de refresco, de cerveza, latas de aluminio, platos de unicel, bolsas, envolturas de galletas y…perros.
Hautenne recuerda que la primera limpieza, en mayo pasado, comenzó precisamente tras ver a un cocodrilo alimentándose de un perro embolsado.
“Nos dio pena ver la falta de cuidado y la inacción municipal para mantener este lugar limpio. Desde mayo o junio hemos sacado más de dos toneladas de basura”, explicó, al señalar que entre los residuos más contaminantes que han detectado, están las llantas y las baterías.

La labor de los voluntarios y el llamado a la acción
El activista consideró que el ayuntamiento de Benito Juárez y la propia Universidad del Caribe tienen la responsabilidad de cuidar el sitio.
Para Víctor López, vecino de la Supermanzana 76 y voluntario en las limpiezas, la labor que realizan tiene un doble sentido: Preservar la naturaleza y mantenerse activo físicamente tras un accidente vehicular que le cambió la vida hace más de una década.
“Si no lo hacemos nosotros, ¿quién más lo va a hacer? Es importante salvaguardar las especies nativas de la región”, señala.
En las jornadas, además de los perros muertos, ha encontrado objetos que sorprenden por su origen y estado, como “juguetes nuevos, casi con su empaque, cubrebocas, insecticidas para mosquitos… un sinfín de basura que termina dañando a las especies”, describe.

Mientras las brigadas de voluntarios retiran bolsas y objetos, las garzas siguen volando sobre el manglar y, entre las raíces, los cocodrilos jóvenes se deslizan al agua.
El contraste entre la riqueza natural y los residuos que arrastra la ciudad es evidente. La petición de los participantes consiste en que el sitio reciba la protección que necesita para seguir siendo, pese a todo, un refugio en plena zona urbana.








