Hay imágenes que, sin decir una sola palabra, retratan toda una administración.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum llegó a Tulum para presentar un programa de rescate.
Diez acciones estratégicas para devolverle dinamismo a uno de los destinos turísticos más importantes del país, Tulum. A su lado, la gobernadora Mara Lezama, integrantes del gabinete federal y estatal, empresarios y representantes de distintos sectores.

Todo el aparato institucional concentrado en un solo objetivo: levantar un municipio que hace apenas unos años era el orgullo turístico del Caribe mexicano.
Y, sin embargo, hubo una ausencia que terminó robándose buena parte del debate público: la de Diego Castañón, el actual presidente municipal de Tulum, Quintana Roo.
La explicación oficial podrá ser la que sea, eso ya no es tema de sobremesa, lo cierto es que, al final, su ausencia terminó siendo un mensaje claro, poderoso y directo.
En mi humilde opinión, fue el cálculo políticamente más conveniente. En un momento en que Tulum enfrenta la peor crisis de su historia como destino turístico, la Presidenta de México tomó cartas en el asunto echando a andar una estrategia de reactivación; estrategia que ni por asomo se hubiera visto con la miopía política del munícipe actual, el cual no tenía una silla reservada en el presídium; no fue bienvenido.
El mensaje fue preciso: ante la ineptitud y la falta de interés no queda más que dar un manotazo en la mesa y poner las cosas en su lugar. La presencia de Castañón solo hubiera caldeado más los ánimos, y de seguro las rechiflas y tomatazos se hubieran llevado el show. Y en este caso, no había lugar para el ridículo.
Porque si tiene que ser la propia presidenta de la República quien encabece un plan para rescatar la economía de uno de los principales destinos turísticos del país, resulta inevitable preguntarse qué dejó de hacerse desde el ámbito estatal y municipal para que fuera necesaria una intervención de ese tamaño. La llamada de atención es compartida, no solo es municipal, ojo.
No debería normalizarse.
Tulum no es un municipio cualquiera. Es una de las grandes vitrinas turísticas de México ante el mundo. Gobernarlo exige visión, liderazgo y capacidad para anticiparse a los problemas, no esperar a que otros vengan a resolverlos.
El desorden de gobierno que prevalece en el municipio caribeño se convirtió en una bandera rojo que ondeó con fuerza en Palacio Nacional.
Diego Castañón quiso administrar la inercia de un destino que alguna vez se vendió solo. Pero la inercia se acaba. Y cuando el turismo se desacelera, cuando los problemas urbanos crecen, las extorsiones a comercios se incrementan, la competitividad comienza a erosionarse y el malestar ciudadano explota, gobernar deja de consistir en posar para la fotografía con legisladores federales en oficinas muy lejanas a Quintana Roo.
El destino requería una atención extraordinaria.
Hay otro elemento que tampoco pasa inadvertido. En los círculos políticos del estado se comenta con frecuencia el estilo distante con el que Diego Castañón ha construido su relación con otros alcaldes y actores políticos de Morena.
En un estado cuya economía depende de que sus destinos funcionen como un engranaje, ni la soberbia ni la arrogancia han sido una buena estrategia de gobierno.
Porque cuando Tulum pierde, Quintana Roo también pierde.
Pero la política también ofrece segundas oportunidades.
La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum no tendría que quedar como un día anecdótico en el que se desplazó el liderazgo estatal para abrirle el paso a un liderazgo de mayor rango político.

Lo verdaderamente importante será que los diez compromisos anunciados se conviertan en obras, resultados y confianza para un destino que tiene todo para volver a ser referente mundial.
Este puede ser el comienzo de una nueva etapa.
Una en la que Tulum vuelva a hablar por la fuerza de su naturaleza, por la calidad de su oferta turística y por la capacidad de sus autoridades para estar a la altura de uno de los municipios más valiosos del país.
Los gobiernos son pasajeros, Tulum, afortunadamente, está llamado a trascenderlos.
Nos vamos leyendo


