Nada está escrito: nuevas jugadas sacuden el tablero político

Amigas y amigos, esta semana viene cargadita. Y no, no me refiero al sargazo, ese viejo conocido que ya trae de cabeza a los hoteleros del Caribe mexicano, sino a algo más espeso: la grilla. Porque sí, como ya les conté en la entrega pasada, no es lo mismo política que grilla… aunque aquí se esfuercen por mezclarlas.

Y en esas aguas revueltas reapareció, como quien no quiere la cosa, la diputada federal Freyda Marybel Villegas, conocida como La Crin de Viento: mucho movimiento, pocos resultados. Llegó como trompo, girando con fuerza y queriendo marcar cancha. Pataleó contra el Instituto Electoral del Estado y, de paso, levantó más de una ceja entre quienes pensaban que andaba en pausa.

Su reaparición me hizo levantar el teléfono y marcarle a un buen amigo en la Ciudad de México, de esos que vale la pena escuchar. No tardó nada en contestar.

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—“Emilio, qué bueno que me llamas. Traigo algo que te va a interesar.”
—“Suéltalo”, le dije, con la calma fingida de quien, en realidad, ya quiere el chisme completo.
—“Oootra vez Marybel anda metida en la contienda allá en tu tierra. Y no viene sola… la está empujando Ricardo Monreal. Anda confiada en que ese respaldo le va a abrir camino.”

La cosa no es menor. Como bien me recordó mi amigo, La Crin de Viento trae cuentas pendientes con la gober Mara desde aquel episodio en el que no la dejaron siquiera tomar protesta como diputada local. Una factura que, dicen algunos, ya se pagó con su llegada —aunque haya sido de rebote— a la diputación federal, ya que ella es suplente de Elda Xix. Pero ya saben: en política, las deudas rara vez se liquidan… más bien se refinancian. Y la deuda más onerosa viene de tiempo atrás; solo con decir la palabra mágica lo recordarán ustedes cuando a La Crin de Viento le tocó la votación de Aguakan.

Y no lo menciono con voz trémula, porque esa historia no debe quedarse en el baúl de los recuerdos legislativos, así como otras de las que les iré contando en próximas entregas.

La conversación siguió por otros derroteros, menos jugosos, más de sobremesa. Pero como en esta tierra las historias nunca llegan solas, horas más tarde me cayó el “complemento” en otra mesa, pero esta vez frente a la Bahía de Chetumal.

Resulta que el Aduanero Madrugador (Rafael Marín) y La Crin de Viento andan tejiendo fino. Sí, así como lo leen. Haciendo equipo.

—“¿Cómo que equipo?”, pregunté, sin disimular la sorpresa.

La versión que me soltaron fue digna de tomarse con café… o algo más fuerte. Dicen que Marín estaría usando a Marybel como moneda de cambio para la elección interna de Morena, una jugada de esas que no se ven en el tablero… y ella, fiel a su estilo, caminando como si esta vez sí fuera la definitiva.

Porque, si algo ha sido Marybel en esta historia política, es eso: la eterna reina en antesala, siempre cerca del trono, siempre mencionada, siempre apuntada… pero sin corona. Y ya saben ustedes: cuando la costumbre es el casi… un desaire más termina siendo parte del paisaje.

La pregunta es obligada: ¿quién está usando a quién? ¿El Aduanero Madrugador mueve las piezas o la jugada puede voltearse? Porque, en esto de la política caribeña, lo único seguro es que nada está escrito.

Bajo el mangle

Y ya que andamos en estos tiempos electorales demasiado adelantados —porque aquí el reloj político nunca descansa—, va un recordatorio para las y los aspirantes a gobernar la joya de la corona, sí, Playa del Carmen: no pierdan de vista a Villas del Sol.

Ahí no hay reflectores, pero sí votos. Y de los que inclinan la balanza y garantizan pase directo al “trono”.

Dense una vuelta cualquier día entre semana, a eso de las cuatro de la mañana. Van a ver lo que realmente mueve a este destino: miles de trabajadoras y trabajadores saliendo rumbo a hoteles, restaurantes, centros de servicio… o regresando, agotados, a sus diminutas casas después de jornadas largas.

Ahí está el músculo. El voto silencioso, el voto leal.

Y también hay que decirlo en voz muy alta: ahí están muchas deudas pendientes. Especialmente con las mujeres que enfrentan violencia en casa y fuera de ella. Pero ese, amigas y amigos, es tema que no se toca a la ligera… porque quema.

Nos vamos leyendo.

Emilio Balam.