Lucas es un husky siberiano de tres años que, sin proponérselo, se convirtió en protagonista de un caso judicial inédito en México. Tras la separación de sus dueños —una pareja que estuvo casada 14 años y que no tuvo hijos—, una jueza familiar de Tabasco resolvió que el perro recibirá una aportación mensual de 700 pesos para su manutención, además de la cobertura de sus servicios veterinarios.


El litigio se extendió durante 10 meses y llegó a tribunales después de que ninguno de los dos se hiciera cargo por completo de Lucas: el hombre no quiso quedarse con el animal ni establecer un régimen de convivencia regular. La abogada Bellanila Andrea Hernández Reyes tomó el caso sin cobrar honorarios, a pesar de que Tabasco no cuenta con una legislación específica que contemple una pensión alimenticia para animales de compañía. Según explicó a El Universal, la pensión fijada equivale a alrededor del 3% del salario del dueño —los 700 pesos mensuales—, aunque la manutención real de Lucas supera los mil 500 pesos al mes.
Un antecedente, no una regla general
La resolución no implica que todas las mascotas cuyos dueños se separen tengan automáticamente derecho a una pensión: se trata de una decisión judicial tomada en circunstancias particulares, bajo el marco legal vigente en Tabasco. Pero, como primer caso de este tipo documentado en el país, deja un precedente que ya puede tomarse en cuenta en procesos similares y que se suma a una tendencia más amplia: la de reconocer jurídicamente a los animales de compañía como seres sintientes y parte de lo que hoy se denomina “familia multiespecie”.
México no es el único país donde los tribunales han comenzado a pronunciarse sobre este tipo de responsabilidades. En Colombia, el caso de Clifor —un perro que obtuvo protección judicial para garantizar su tratamiento médico— es considerado uno de los antecedentes más cercanos al de Lucas, aunque con una diferencia clara: mientras en Tabasco se estableció una aportación económica para la manutención del animal, en Colombia la resolución se centró en proteger su salud y su vida.
Brasil, el paso más avanzado en la región
El ejemplo más contundente, sin embargo, llega de Brasil, que desde el 17 de abril de 2026 cuenta con una ley federal específica sobre custodia compartida de mascotas tras una separación. La norma —publicada ese día en el Diario Oficial— establece que, cuando una expareja no logra ponerse de acuerdo sobre el cuidado de su mascota, un juez puede fijar un régimen de custodia compartida y distribuir de manera equilibrada los gastos de manutención del animal.
La ley aplica únicamente a mascotas adquiridas o adoptadas durante la relación, a las que considera un bien compartido, y contempla restricciones: no procede la custodia compartida si existen antecedentes o riesgo de violencia doméstica, o cualquier indicio de maltrato hacia el animal. Con esta legislación, Brasil se suma a la tendencia internacional que reconoce a los animales como seres sintientes y no como simples objetos de propiedad.
Iniciativa que busca replicar el modelo en la CDMX
El impacto del caso de Lucas —y de experiencias como la brasileña— ya se refleja en el Congreso de la Ciudad de México. La diputada Luisa Ledesma Alpízar, de Movimiento Ciudadano (MC), presentó una iniciativa para formalizar la manutención de perros y gatos tras la ruptura de una pareja, modificando el Código Civil local para que estos animales reciban sustento económico que cubra gastos esenciales como alimentación y atención veterinaria.
Para la legisladora, el bienestar de estos “seres sintientes” no debe quedar sujeto al azar ni a la buena voluntad de los exdueños, sino convertirse en una obligación jurídica equivalente a una pensión alimenticia. La propuesta busca garantizar tanto la custodia compartida como el pago de una pensión, evitando que las mascotas queden en el abandono económico y emocional cuando termina un matrimonio, concubinato o unión libre.
De acuerdo con la iniciativa, la expareja compartiría los gastos esenciales del animal —alimentación, consultas veterinarias, medicamentos y cuidados generales—, y el monto de la responsabilidad se determinaría según las necesidades reales de la mascota y la capacidad económica de cada persona. La manutención podría cubrirse de tres formas, o de una combinación de ellas:
- A través del cuidado directo del animal.
- Mediante el pago de una pensión alimenticia.
- Bajo un esquema de custodia compartida.
De aprobarse, la Ciudad de México se convertiría en la primera entidad del país en contar con una regulación explícita sobre este tipo de manutención, tomando como referencia tanto el precedente judicial de Lucas en Tabasco como el modelo legislativo ya vigente en Brasil.








