“Hubo una vez que un avión bastante grande de una aerolínea estadounidense aterrizó sobre la avenida Kabah, cuando esa zona ya había dejado de funcionar como aeropuerto en Cancún” – Roberto Rojo

Esta es una de las muchas memorias que el actor y creador escénico cancunense Roberto Rojo ha descubierto mientras intenta responder una pregunta que parece sencilla, pero que termina removiendo muchísimo más:
¿Qué recuerdos construyen la identidad de Cancún?
| En NewsDay Caribe abrimos una ventana al alma de nuestra región con “Historias de Playa”, un espacio donde cada semana daremos voz a quienes han construido, transformado y dado identidad a este rincón del país. Desde las arenas de Playa del Carmen, Tulum, Cancún, Cozumel, hasta Chetumal, compartiremos conversaciones íntimas con mujeres y hombres cuyas vidas están entrelazadas con el crecimiento y la esencia del Caribe mexicano. Son relatos que nacen frente al mar, cargados de memoria, esfuerzo y pasión, y que hoy queremos preservar como huellas vivas de una tierra que no deja de reinventarse. ¿Tienes una historia que contar sobre el Caribe mexicano? Queremos escucharte. Escríbenos y forma parte de Historias de Playa. Contáctanos en: [email protected] En esta entrega presentamos a Roberto Rojo, actor y creador escénico cancunense que, a través del teatro y la memoria colectiva, busca preservar las historias, recuerdos e identidad de Cancún. |
“Cancún es algo nuevo, cambiante y bastante explosivo”: Roberto Rojo
Roberto Rojo, originario de Cancún, es una de las muchas personas que crecieron en la ciudad y que viven entre recuerdos de lugares que desaparecieron, playas que cambiaron y monumentos que terminaron teniendo nombres distintos a los oficiales.
Cancún tiene la particularidad de nunca parecerse a sí mismo por demasiado tiempo, debido a su juventud y a la multiculturalidad de personas que llegan desde muchas partes del país y del mundo.
La memoria y la historia de la ciudad fueron lo que detonaron su inquietud para desarrollar el proyecto “Crecí en Cancún, ¿y tú qué recuerdas?”, una propuesta que incluye presentaciones teatrales que mezclan memoria, ficción y testimonios de distintas generaciones de cancunenses.
Parte de su proceso creativo ha consistido en la recopilación de testimonios tanto de pioneros como de personas nacidas entre las décadas de 1980 y 1990, así como en la investigación realizada en la Dirección de Archivo Municipal de Cancún.
Actualmente desarrolla el proyecto gracias al del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales, el cual forma parte de la emisión 2025 del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) Quintana Roo.
El inicio del proyecto fue en diciembre 2025 y concluirá en julio 2026. Para julio ya tendrían que estar las presentaciones. Ahora lo que sigue es comenzar a difundir el trabajo para que la gente pueda acercarse a él.
Enfatizó que la historia de Cancún es diferente a la de Mérida y la Ciudad de México, las cuales parten de una creación como ciudades coloniales. En cambio, considera que Cancún es una ciudad nueva, cambiante y bastante explosiva por la cantidad de personas que llegan para reivindicarse culturalmente.
“Mucha gente dice que Cancún no tiene cultura o identidad, pero Cancún fue fundado por mexicanos, diseñado por mexicanos y construido para mexicanos. No es una ciudad colonial ni pertenece al México prehispánico o colonial; pertenece al México moderno”, comentó.
Una década sobre los escenarios
Con una trayectoria profesional de 10 años, Roberto Rojo se ha consolidado como actor y creador escénico en Cancún.
Su formación teatral incluye estudios en el Instituto de la Cultura y las Artes de Benito Juárez y de Quintana Roo, así como en instituciones nacionales e internacionales como la Chekhov International Theatre School, en Rusia; el Centro de Estudios para el Uso de la Voz (CEUVOZ); La Titería; y el Centro Dramático de Michoacán (CEDRAM).
A lo largo de su carrera ha participado en diversos proyectos de creación y producción teatral. Fue productor de una puesta en escena para Microteatro CDMX y formó parte de la compañía Nunca Merlot Teatro.
Además, ha sido beneficiario de distintos apoyos para el desarrollo artístico, entre ellos un estímulo estatal para la profesionalización teatral, el programa de Becarios a la Muestra Nacional de Teatro y el Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) de Quintana Roo.
Como actor, ha participado en 19 puestas en escena vinculadas a iniciativas y compañías de relevancia nacional, entre ellas la Compañía Municipal de Teatro de Benito Juárez, el Programa Nacional de Teatro Escolar, el Programa de Apoyo a Creadores de Quintana Roo, EFITEATRO, México en Escena-Grupos Artísticos, la Casa de España en México y el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro.
También ha colaborado en el laboratorio de creación SALAR, presentado en la Muestra Nacional de Teatro.

Actualmente, Roberto Rojo desarrolla el proyecto “Crecí en Cancún, ¿y tú qué recuerdas?” como beneficiario del PECDA Quintana Roo 2025-2026, dentro de la especialidad de Montaje Teatral, en las áreas de actuación, dirección y monólogo.
Construir memoria desde los recuerdos
Para iniciar el proyecto, recopiló testimonios de las y los primeros pobladores, así como de las primeras generaciones de cancunenses. Parte de su labor consiste en compartir estas historias y, gracias a ello, ha despertado el interés de más personas por aportar sus propias vivencias. Actualmente, reúne testimonios de generaciones más recientes, nacidas durante las décadas de 1980 y 1990, con el propósito de enlazar las memorias fundacionales de Cancún con las experiencias de quienes crecieron en etapas posteriores de la ciudad.
Esta recopilación sirve, por un lado, para construir un archivo y, por otro, para conocer las distintas formas en que las personas han vivido en Cancún. Estas experiencias también pueden convertirse en una fuente de inspiración para la creación de la obra, la puesta en escena y las presentaciones.
Para Roberto Rojo, lo que más le interesa son las experiencias cotidianas, más que los hechos estrictamente históricos. Busca desarrollar su proyecto a partir de acciones sencillas, como los lugares que la gente disfrutaba visitar o las actividades que le gustaba realizar en la ciudad y que hoy ya no existen, pero que permanecen en la memoria colectiva.
“Me funciona irme a lo más extenso, sentarme con la pluma o la computadora y escribir, escribir y escribir, recordando momentos de mi infancia o de mi juventud. Después vienen estos saltos hacia la ficción. Pensar qué cosas funcionarían dentro de un hilo dramático. Desde lo más básico: la introducción, el desarrollo y la conclusión de una obra. Entonces, ha sido primero vaciar toda la información y luego empezar a editar”, comentó.
Convertir la memoria en ficción
Mencionó que su mayor reto creativo ha sido pasar de la realidad a la ficción. Explicó que el proceso resulta complejo porque atesora sus historias personales, por lo que abrirse y decidir qué hará público y de qué manera lo compartirá a través de la narrativa ha sido uno de los desafíos más importantes.
“Creo que es difícil porque uno atesora sus historias personales y luego surge la pregunta de qué tanto quieres hacer público. Es una decisión consciente: esto es privado, esta es mi vida, pero ¿cómo la comunico?, ¿cómo la vuelvo ficción?, ¿cómo la hago pública sin protegerme demasiado?”, expresó.
Entre sus recuerdos de infancia destaca un lugar llamado Wolha, que describe como un enorme espacio de juegos para niños, con boliche y una mini ciudad donde podían jugar a ser adultos en un supermercado, una estación de bomberos o una comandancia de policía. Recordó que era el sitio donde todos los niños querían celebrar su cumpleaños.



También mencionó los cambios que han experimentado las playas de Cancún debido al impacto de la actividad económica. Aunque reconoce que el desarrollo turístico ha generado beneficios y oportunidades de trabajo, considera que también ha tenido un costo para el paisaje, derivado de la contaminación y otros factores.
Cancún, una identidad construida entre naturaleza y memoria
Para Roberto Rojo, la identidad de Cancún está ligada, en primer lugar, a sus espacios naturales. Considera que el sistema lagunar Nichupté, los arrecifes, las playas, el mar y los distintos hábitats que rodean la ciudad son elementos que han definido a quienes viven en ella y que continúan dando forma a su identidad colectiva.

En cuanto al patrimonio construido, destaca el Palacio Municipal de Benito Juárez como uno de los edificios más representativos de la ciudad. Explica que fue diseñado por el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, reconocido por haber concebido Brasilia, una ciudad planeada desde cero.
De acuerdo con Rojo, el edificio refleja una visión laica de la ciudad, ya que no fue construido junto a una iglesia, como ocurre en muchas ciudades mexicanas.
Recordó que en 2008 surgió una controversia cuando una administración municipal propuso trasladar el Ayuntamiento al Ombligo Verde, cerca de la catedral. Según explicó, algunos sectores consideraban que Cancún no era una ciudad mexicana porque su palacio municipal no se encontraba junto a una iglesia.

Sin embargo, pioneros y fundadores defendieron su ubicación original, argumentando que la ciudad fue concebida a partir de una idea laica y organizada alrededor de la Plaza de la Reforma. Aunque existen templos religiosos en las cercanías, estos no comparten el mismo espacio público central.
Otro aspecto que, a su juicio, forma parte de la identidad cancunense es la manera en que la población se apropia de los monumentos y les asigna nombres distintos a los oficiales. Un ejemplo es el llamado Monumento al Ceviche, cuyo nombre real es “Monumento Fiesta Caribeña”, aunque la mayoría de las personas desconoce esa denominación.

Incluso antes de ese monumento, recordó que en ese mismo lugar existió otro que marcó una época. Se trataba del “Monumento Fuente Dialogo Norte-Sur”, construido tras un encuentro entre países del norte y del sur global celebrado en Cancún durante la década de 1980. Sin embargo, los habitantes comenzaron a llamarlo “el Insectronic”, debido a su parecido con un dispositivo para eliminar mosquitos que era popular en aquellos años.


“Entonces tenemos el Ceviche, el Insectronic, la Licuadora…”, comentó al referirse a los apodos que la ciudadanía ha dado a distintos monumentos. Para él, estas formas de nombrar los espacios públicos también son parte de la identidad de Cancún y abren la reflexión sobre quién decide qué elementos forman parte de la historia oficial y cuáles permanecen en la memoria colectiva de sus habitantes.

Las historias que aún faltan por contar
Al reflexionar sobre la historia de Cancún, Roberto Rojo considera que no existe una sola narrativa que defina a la ciudad.
“Yo pienso que la ciudad es diversa, entonces no existe una sola historia que valga la pena contar. Somos personas de muchos lugares y también personas que ya nacimos acá”, señaló.
Explica que, a lo largo de este proceso, ha identificado grupos muy consolidados, como los fundadores o pioneros de Cancún, quienes han realizado un importante trabajo para documentar y difundir los orígenes de la ciudad, desde que el Banco de México impulsó el proyecto turístico y gestionó financiamiento con el Banco Interamericano de Desarrollo.
Sin embargo, considera que todavía existen muchas voces que permanecen sin ser escuchadas.
“Hay muchas otras voces que no hemos escuchado y esa es la parte que me interesa”, comentó.
Rojo aclara que su aproximación no parte de la historia como disciplina, sino desde la ficción y el teatro. Para él, una vez que se conocen los hechos históricos, surge una pregunta fundamental: cómo transformar esa realidad en una historia capaz de imaginar otros escenarios y posibilidades.
“Después de tener datos históricos, la pregunta es: ¿cómo pasas de la realidad a la ficción? ¿Cómo haces ese hilo dramático que te permite imaginar otras posibilidades? Esa es la parte que me interesa ahora”, explicó.
El avión que aterrizó en la avenida Kabah
Entre las numerosas historias y curiosidades que ha conocido sobre Cancún, Roberto Rojo recuerda una anécdota que descubrió que considera especialmente llamativa.
Cuenta que, durante los primeros años de construcción de la ciudad, se habilitó un aeropuerto provisional en el lugar donde actualmente se encuentra la avenida Kabah. En aquel entonces existía una torre de control de madera muy rudimentaria y la zona funcionaba como la primera pista aérea de Cancún.
Posteriormente, con la implementación del plan maestro de desarrollo, el aeropuerto fue trasladado a su ubicación definitiva. Sin embargo, tiempo después ocurrió un hecho inesperado.
“Una aerolínea americana, ya después de que se abrió la avenida Kabah y estaba funcionando como vialidad, confundió la avenida con la pista porque estaba acostumbrada a aterrizar ahí. Entonces un avión bastante grande aterrizó en la avenida cuando ya no era aeropuerto”, relató.

Afortunadamente, el incidente no dejó personas lesionadas ni provocó accidentes mayores. Aunque el avión estuvo cerca de rebasar la longitud de la avenida, en una época en la que la ciudad terminaba pocos kilómetros más adelante y el resto era selva, todo quedó en una anécdota.
Para Rojo, esta historia refleja las transformaciones que ha vivido Cancún a lo largo de las décadas. Recuerda además que, en sus inicios, existía escepticismo sobre el futuro del destino turístico.
“En algún momento incluso se decía que le costó mucho trabajo al gobierno promover el destino porque había aerolíneas que aseguraban que nunca aterrizaría ningún avión aquí. Y ahora fíjate, aterrizó uno en la misma avenida”, comentó riendo.
Una ciudad moderna con identidad propia
Para Roberto Rojo, una de las principales ideas equivocadas que tienen quienes no han vivido en Cancún es la percepción de que se trata únicamente de un destino turístico.
“Creo que va desde cosas sencillas, como pensar que vivimos a la orilla de la playa o que vamos todos los días a la playa, hasta otras más profundas”, comentó.
Entre esas percepciones, menciona una que considera especialmente recurrente: la idea de que Cancún carece de cultura o identidad.
Considera que gran parte de la identidad de la ciudad está relacionada con la visión urbanística con la que fue concebida. Como ejemplo, señala que en Cancún las colonias reciben nombres distintos a los del resto del país.
“También hay cosas curiosas, como que aquí las colonias no se llaman colonias, sino supermanzanas o regiones. Eso viene de una visión moderna y humanista de cómo se imaginaba una ciudad en los años 60 y 70, donde el peatón era el protagonista y no el automóvil”, dijo.
Recuerda además que durante los primeros años de la ciudad no existían semáforos y que la movilidad se organizaba a través de glorietas.
“No había semáforos; había glorietas. Los primeros semáforos aparecieron hasta principios de los años 80. Entonces Cancún tiene una visión bastante moderna y creo que eso es algo de lo que podemos sentirnos orgullosos, aunque también se vale tener una mirada crítica y preguntarnos dónde estamos ahora”, recordó.
La libertad de reinventarse
Al hablar sobre lo que significa ser cancunense en la actualidad, Roberto Rojo lo relaciona con la posibilidad de construir una identidad propia y elegir libremente el rumbo de vida.
“Creo que es la posibilidad de ser quien tú quieres ser”, afirmó.
Explica que, al comparar Cancún con otras regiones del país donde vive parte de su familia, percibe diferencias importantes en la manera en que las personas construyen sus proyectos personales.
“Cuando he visitado a mi familia en otros estados, sí percibo más esta idea de que, si en tu familia todos fueron ingenieros, tú también debes ser ingeniero. Aquí siento que existe más libertad para reinventarte”, comentó.
Desde su perspectiva, esta característica está ligada a los principios con los que fue fundada la ciudad.
“Cancún se fundó con ideas más laicas, entonces puedes reinventarte y convertirte en quien quieres ser. Creo que eso es algo que muchas personas encontraron al venir aquí”, enfatizó.
El reto de crecer sin perder la esencia
Respecto a los aspectos valiosos que podrían perderse con el paso del tiempo, Roberto Rojo considera que uno de los temas más importantes es mantener el equilibrio entre el desarrollo urbano y la conservación del entorno natural.
“Creo que tal vez lo más delicado es este balance entre el desarrollo y también la protección del medio ambiente. Porque, por ejemplo, cuando se diseñó Cancún, se diseñó el paraíso sobre un paraíso. Esto ya era un paraíso en sí”, dijo.
Señala que la economía de la ciudad depende directamente de los recursos naturales que la rodean, por lo que su preservación resulta fundamental.
“Nosotros dependemos totalmente de la belleza natural en donde vivimos, ya que el motor económico aquí es el turismo. Sin eso, muchísimas personas perderían su trabajo”, comentó.
Por ello, considera necesario reflexionar constantemente sobre el impacto que tienen los nuevos proyectos de infraestructura en los ecosistemas de la región. Como ejemplo menciona el puente que actualmente cruza la laguna Nichupté, una obra cuya construcción fue discutida durante años.
“Entonces, creo que siempre hay que tener este balance entre el desarrollo y continuar creciendo. Por ejemplo, la evaluación que se hizo para construir el puente que ahora cruza la laguna, que es bastante nuevo, fue una pregunta que se hizo durante muchísimos años, incluso décadas: si se debía construir el puente o no, y realmente cuánto iba a impactar a la laguna”, recordó.
Para Rojo, es importante detenerse a analizar cuánto está dispuesto a transformar el entorno natural una sociedad y cómo puede garantizar su conservación para las futuras generaciones.
“Creo que sí es valioso detenerse y preguntarse qué tanto queremos seguir impactando el medio ambiente y cómo podemos permitir que se conserve y exista. Esa es una parte importante. También creo que siempre hay que pensar en los derechos de los niños, porque tienen derecho a un mundo natural y saludable, y debemos pensar en las generaciones que vienen”, explicó.
Además de la protección ambiental, destaca la importancia de conservar la visión original con la que fue concebida la ciudad, una tarea en la que actualmente participan pioneros y fundadores de Cancún.
“Creo que son importantes los esfuerzos que están haciendo actualmente los pioneros y fundadores para que no se pierda la visión que tenía la ciudad. Cancún se pensó como una ciudad para el peatón, un lugar para que tú pudieras ser la persona que quisieras ser”, enfatizó.
Finalmente, considera que compartir la historia y los ideales que dieron origen a Cancún es una forma de fortalecer el sentido de pertenencia y la construcción colectiva de la ciudad.
“Entonces, creo que también vale la pena compartir toda esa información con las personas. Que no se pierda esa posibilidad de ser quienes realmente queremos ser y no solamente venir a trabajar, que mucha gente viene a hacer eso, sino darse la oportunidad de ser quienes queremos ser y construir la ciudad que queremos ser”, comentó.
La ficción como una forma de habitar la memoria
Al reflexionar sobre el impacto que podría tener el proyecto en el público, Roberto Rojo reconoce que el resultado siempre es incierto hasta que la obra se encuentra con los espectadores.
“Uno siempre puede esperar muchas cosas como artista o como gente de teatro, pero nunca sabemos realmente cómo lo va a tomar el espectador hasta que la obra se presenta”, comentó.
Sin embargo, explica que durante el desarrollo del proyecto ha encontrado una idea que ha influido profundamente en su proceso creativo: el concepto de la “memoria prostética”, una teoría ampliamente estudiada por investigadores y académicos.
“Así como suena: de prótesis, de algo que no es tuyo, pero que termina sintiéndose tuyo”, explicó.
Esta noción ha sido especialmente importante al momento de construir ficción a partir de hechos históricos y testimonios que no forman parte de su experiencia personal.
“Hay cosas que yo no viví. Yo no viví la fundación de Cancún, no viví cuando aterrizó ese avión en la avenida Kabah, no viví cuando hicieron el canal Sigfrido en la laguna Nichupté”, dijo.

Según explica, la memoria prostética está relacionada con la construcción colectiva de recuerdos que, aunque no fueron vividos directamente, terminan integrándose al imaginario personal de una comunidad.
“Tiene mucho que ver con el imaginario colectivo, con cosas que nos han contado tantas veces, que vimos en televisión o que escuchamos de nuestros papás, que terminamos sintiéndolas como propias”, explicó.
Desde esa perspectiva, la ficción se convierte en una herramienta para acercarse a experiencias ajenas y habitarlas de manera simbólica.
“Ahora que estoy construyendo ficción, pasa eso: hay cosas que yo no viví directamente, porque mi vida transcurre desde cierto punto hasta ahora, pero puedo acercarme a esas historias a través de la ficción”, comentó.
Para Rojo, imaginar esos momentos abre la posibilidad de experimentarlos de alguna manera y espera que el público pueda vivir algo similar durante las presentaciones.
“Si imagino esas cosas, existe esa posibilidad de vivirlas de alguna manera. Entonces, ojalá que las personas que vean la obra puedan experimentar algo parecido. O quizá no”, expresó.
Más allá de la nostalgia
Cuando se le pregunta sobre las emociones que le gustaría despertar en quienes asistan a la obra, Roberto Rojo aclara que no busca únicamente provocar nostalgia.
“Creo que no diría nostalgia solamente. No es únicamente detenerse a sentir nostalgia por la infancia, sino despertar ganas de hacer algo”.
Más que mirar al pasado con melancolía, le interesa motivar a las personas a reconectarse con aquellos espacios y experiencias que marcaron distintas etapas de su vida.
“Por ejemplo, me gustaría que alguien quiera volver a visitar ese lugar al que iba de niño con su mamá, su papá o su familia y al que ya no regresó porque dejó de existir o porque cambió”.
Para él, volver a esos lugares implica también reflexionar sobre el paso del tiempo y sobre las transformaciones que experimentan tanto las ciudades como las personas.
“¿Cómo es volver a visitar ese lugar muchos años después?”.
En ese sentido, considera que la obra puede convertirse en una invitación a recuperar experiencias que alguna vez fueron significativas.
“Creo que es eso: despertar las ganas de volver a hacer esas cosas que hacíamos cuando éramos niños o más jóvenes. Me gustaría que la gente se llevara eso”.
Preservar las historias de Cancún
Además de invitar al público a asistir a las presentaciones, Roberto Rojo considera que una de las formas más importantes de apoyar el proyecto es contribuir a la recopilación y preservación de testimonios sobre la ciudad.
“En un principio el proyecto partió de recuperar testimonios de las primeras generaciones de Cancún, pero también me ha parecido muy valioso conocer lo que piensan generaciones posteriores”.
Para él, registrar esas experiencias es una tarea fundamental para construir una memoria colectiva más amplia y diversa.
“Creo que es importante archivar esas historias”.
Destaca también que existen iniciativas institucionales que trabajan en esa misma dirección, como la Dirección de Archivo Municipal de Benito Juárez, cuyos integrantes se han acercado al proyecto y desarrollan labores de conservación histórica.
“Ellos también están haciendo un trabajo importante y se han acercado al proyecto”.
Entre los materiales que resguardan se encuentran fotografías antiguas, equipos y objetos utilizados décadas atrás, como cámaras fotográficas, tocadiscos y diversos artefactos que forman parte de la historia cotidiana de la ciudad.
“Tienen fotografías antiguas, equipos y objetos que se utilizaban antes: cámaras antiguas, tocadiscos y muchas otras cosas”.

Para Roberto Rojo, preservar y compartir estos elementos permite que las nuevas generaciones comprendan los cambios tecnológicos y sociales que han ocurrido en relativamente poco tiempo.
“Creo que es muy interesante recordar eso y que las nuevas generaciones, que hoy nacen con teléfonos en la mano, conozcan que antes eso no existía y que toda esta tecnología es relativamente nueva”.
Finalmente, considera que reconocer y conservar estas historias es una forma de fortalecer la memoria colectiva de Cancún y de comprender mejor la ciudad que existe hoy.
“Entonces, creo que eso también es importante”.








