Juana Caamal
📸: Raymundo Tineo.

Historia de Playa: Juana Caamal Che y la lucha de las mujeres por el municipio

– Nos invitó, cuando empezamos somos pocas mujeres, pero llegamos a ser 250 y somos las que íbamos a Chetumal para ver que se independice el municipio. Sí (sic ).

– Y, este, pues ahorita esas compañeras, cuando nos conocimos así, de vez en cuando nos vemos porque ahorita hay mucha gente (sic ).

– Cuando llegamos acá era monte. No tenemos luz, salimos en las tardes y había juntas así, pues allá nos vamos semanalmente y allá conocimos a muchas compañeras y ya después fue que empezó la política, que vámonos a pelear del municipio porque, este, no podemos cruzar cada rato, ir a sacar un papel y pues así quisimos defendernos aquí (sic).

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– Queremos que sea municipio acá, por eso lo peleamos pa que se convierta en municipio.

Historia

– Me llamo Juana Caamal Che y nací en este Kaua, Yucatán, pero cuando yo me casé estuve en Nuevo Xcán, Quintana Roo y pues como ya mis hijos terminaron de estudiar allá y no buscan trabajo. Yo tuve que venir con ellos acá en Playa del Carmen para que encuentren trabajo, gracias a Dios que ahorita están trabajando (sic).

– Cuando yo llegué aquí en Playa, aquí en el Ejido era monte, sólo en esa brecha donde está la línea en alta tensión, allá pasamos y entramos en este terreno (sic).

– Cuando yo llegué acá, si encuentro un pedazo de tabla es mucho para mí porque nosotros empezamos acá de nuevo. Pues aunque quisiera yo en mi pueblo… no somos ricos, somos pobres, pero tengo algo para que me defienda en la casa, pero no hay camión, no hay nada de traer nada, ni un banquillo, el autobús no te lo trae (sic).

– Lo poco que tengo, pues gracias a Dios que acá lo tuve porque lo que tengo en mi pueblo no lo traje (sic).

– Aquí, aquí luchando con mis hijos, mis hijos ya trabajan, y yo… no, ya terminaron de estudiar, ahorita ya trabajan… tienen hijos también; esa muchacha que entró (entró una niña a la habitación), pues es mi nieta (sic).

– Y entonces, pues ahorita gracias a Dios que están trabajando, yo aquí ayudo a mi hija y vivo acá con ella, aquí luchamos nuestra vida en esa tiendecita, sólo eso es el trabajo de nosotros. Y ahorita ella, como no se quiere casar, ella ahorita está aprendiendo. Le digo: “Ta bien, con el tiempo es pa que te defiendas”, le digo así (sic).

– Tengo cuatro hijos. El más chico tiene 35 años, la muchacha tiene 27 años, 4 hijos, 2 mujeres y 2 varones (sic).

– Y entonces, pues ya todos están bien acá, gracias a Dios que todos están bien, están trabajando y la muchacha, pues le estoy diciendo: “Ya tuvimos 18 años, no has pensado si te vas a casar o qué ves lo que vas a hacer, pues más tarde cómo vamos a vivir”, y ahorita, pues gracias a Dios ya aprendió de la manicura, ahorita está aprendiendo corte de pelo y diario lleva 2-3 modelos donde aprende ella y pues eso le gusta.

– Porque no le gusta salir que vaya a un trabajo fuera, no le gusta. Durante los años que estoy acá con ella, pues aquí nomás estamos luchando nuestras vidas con ella, sí, y no quiere salir ella, no quiere salir a un trabajo allá en la calle, no le gusta (sic).

– Y acá, dice, cuando termine de estudiar corte de pelo, pues acá va a trabajar. Sí, eso piensa ella. Pues sí, así como decimos pa que nos quedamos ricos para vivir, para seguir nuestra vida, sí (sic).

Cómo era la vida

– Mi esposo tiene que ir hasta quién sabe por dónde trabaja para traer un bidón de agua así pa que nos bañamos, porque para tomar agua esa purificada… y ese bidón de agua que le regalan al pobre allá tenemos que bañarnos todos, no vas a bañar un cubeta de agua, tienes que agarrar un poquito pa que les alcance y diario, diario es así (sic).

– Cuando logramos chapear aquí el terreno, fui al pueblo, compré bajareques, guano para hacer una casita allá, pa que tenga dónde vivir con mis hijos porque cuando el primer día que llegué, pues no conocemos a nadie y entonces tuve que pagar hotel para mis hijos, pero cuánto.

– Yo no tengo mucho dinero, antes intentamos venir acá. Por la pobreza, nada más alcancé a pagar tres noches de hotel a mis hijos y cuando vi en Dios que venden esa casita y le pusieron un pedazo de guano en el techo, ese mismo día allá nos quedamos a dormir (sic).

– Era monte, hasta animales venían, y entonces, pues pararon esta casita, estuvimos allá porque de antes mi esposo, antes que yo viniera con mis hijos, ellos estaban estudiando, estuvo mi esposo acá trabajando doce años.

– Pero qué ganó, nada más su comida, ni me manda dinero con los chamacos que estudian, sólo yo agarraba plancheo, que vendo café pa los traileros, como mi casita está en la carretera que viene por Cobá, y entonces pos allá logré que terminen de estudiar un poco mis hijos.

– Gracias a Dios con ese poco que tuvieron ahorita con eso están luchando sus hijas con los hijos también y yo, pues… estoy alegre así porque si se quedaran en el pueblo, dónde lo van a agarrar, no tiene para darle a sus hijos (sic).

– Ahorita, mi esposo está allá en el pueblo, es campesino, pero un campesino quién le paga, un campesino si es que dio el maíz bien, pero si no dio, el trabajo ya está hecho. Así está viviendo, estamos viviendo, yo aquí luchando con mis hijos, y lo poco, pues semanal o quincenales cuando vayamos con mis hijos, pues le dejamos su gastada. Y él sigue allá con su campo, sí (sic).

– Sí valió la pena, aunque sufrimos, pero no importa, ahorita sí estamos viviendo bien, aunque no somos ricos, como se dice, pero da Dios que digamos (sic).

Viajes a Chetumal

– Sufrimos mucho con el hambre y la sed. Cuando nos avisaban a las dos de la madrugada, ahí andabámos con un foco en la mano yendo a alcanzar camión para ir en la ciudad de Chetumal. Y casi cada tercer día nos vamos a Chetumal y de allá, pues gracias a Dios, pos ese gobernador, Mario Villanueva, salió a recibirnos y es cuando se convirtió en municipio (sic ).

– Y somos muchos, somos como 60 mujeres y este, mis otros compañeros, como ese don Santín, ese Chano que fue cabeceando así para que se convierta en municipio. Y entonces, pues nosotros cuando nos avisan ahí nos vamos, aunque sabemos que vamos a sufrir porque no hay agua, no hay nada ni para comer si nos quedamos (sic).

– Ese don Marciano nos tenía compasión y quería siempre comprar algo pa que nos dé, pero no hay, hay veces consigue namás a una empanada.

– Y con chamacos… ese mi hijo, acaba de ir a trabajar ahorita, estaba chico y así iba con él, pues para que nos libremos de ir a Cozumel por trámites o por algo así, porque ahorita no podemos ir, está caro el cruce.

– Por eso entonces, pues nos dedicamos a luchar que se convierta en municipio y gracias a Dios como a los seis o siete veces que nos fuimos salió ese gobernador y nos recibió y ese mismo día se convirtió en municipio de acá (sic).

– Y los compañeros de acá, cuando llegamos allá el crucero, allá nos estaban esperando como 4 mil personas, sí, estaban contentos, pues aunque con hambre. Nosotros no estuvimos con ellas como esa mi hija Pati, andaba yo mucho, con esa otra Elmy; otras compañeras de acá, pero hay otras que ya murieron, sí (sic).

– Entonces, pues tardó mucho en convertirse en municipio acá y entonces, pues agradezco a ese don Chano hasta ahora porque él fue la única persona que nos ayudó cuando llegamos acá (sic).

– Ha comido hasta con nosotros sobre una caja de tomate porque no tenía yo nada, no tenía yo nada. Ahí viene él y yo estoy torteando allá, y hace sus taquitos como trae chicharras, pues comió junto con nosotros, por eso le agradezco mucho hasta ahora. Sufrimos junto con él, pero valió la pena; valió la pena que sufrimos junto con él (sic).

– Llegó a ser municipio y gracias a Dios, pues ahora aquí vivimos yo y mis hijos, pues ya están trabajando, cada quien tiene su casita, igual la otra, esa mi hija Pati, ella es la que anduvo conmigo ahí en Chetumal; la otra, Elmy, sí. Entonces, pues ahorita, pues no hay nada qué decir, gracias a Dios por lo poco tenemos, porque antes no había ni agua (sic).

Pioneras

– Hay una compañera que vive aquí en la esquina, doña Lucía, ella sí las veces que íbamos participaba allá en Chetumal. La esposa de don Reséndiz, doña Raquel, y esa Leticia Gallegos, ellas son esas mujeres que andamos con ellas; somos muchas (sic).

– Esa doña Pani, la que trabaja allá en el Insen, sí, con ella, ella se iba con nosotros. Son esas personas que conocí cuando yo llegué aquí en Playa del Carmen y hasta ahora, pues ahora cuando me ven, pues nos llevamos bien.

– Ahorita estamos viviendo bien, no nos hace falta nada, tenemos luz, tenemos agua, tenemos ya calle buena, sólo el drenaje no nos ha llegado, pero algún día va a llegar, sabemos que algún día va a llegar. Gracias a Dios que ya estamos bien ahorita (sic).

– Y entonces, pues por eso le digo, esa chamaca, el año pasado dieron constancia a las que todavía van llegando, le digo, ya nosotras ni en cuenta nos toman, le digo, como ya hay mucha gente hasta ya se les olvidó, le digo. Le dan constancia a la que van llegando ahora dos años, ahora tres años (sic).

– Una vez, entonces vi a esa Leticia Mena, platiqué con ella, y dice: “Eso no es justo Juana Caamal; hasta yo estoy viendo que no es justo”. Pero va a ver don Marciano qué va a hacer con lo que está pasando ahorita. Sí, porque yo a don Marciano es al primero que conocí acá y hasta la santa fecha de hoy; esa doña Delfi sólo cuando ves que va bien cómo estoy, sí, nos llevamos muy bien (sic).

Relación en la política

– Mis hijos, cuando llegamos acá, el más chico tenía 20 años cuando llegué acá, él ya terminó namás apenas su secundaria y cuando llegamos acá, pues buscó trabajo. Y el otro, pues el otro como tiene más estudio, él cuando venimos se metió en un hotel, allá en el hotel Diamond y hasta ahora allá trabaja, ya tiene tiempo, pero le digo: “Hijo, tienes que obedecer, le digo, cualquier trabajo que te digan, no rechazas, trabaja pa que toda la gente te llega a apreciar”.

– Y sí, una vez, una vez estaba viniendo, chocó con un jefe de policía y entonces tuve acudir allá a Tomás, cuando era delegado Tomás Burgos, y enseguida salí y fui a hablar con él y enseguida solucionó ese problema, si no ese policía quería otro carro nuevo que vale 170 mil pesos, dónde lo vamos a agarrar, ni que vendemos todo acá, no alcanzamos ese dinero.

– Y le digo no, pues para eso… yo, a mí me gusta participar en la política, me gusta andar cuando hay campaña; donde sea que me invitan me voy porque me gusta escuchar, me gusta saber, para que no me engañen. Y entonces, pues hasta ahora, aunque de vieja que estoy, pero ahí ando, ahí ando, con los partidos porque me gusta escuchar lo que dicen y a ver si lo cumplen y todo; me gusta participar (sic).

– Y así entonces, pues ahorita, pues… Porque si no conoce un candidato a uno, allá, a quién vas a acudir. Y aunque te vayas, no te va a dar nada porque no te conoce. Por eso a mí me gusta conocer a los candidatos cuando es tiempo de campaña porque si tengo una problema muy grande voy a acudir a ellos, pero si por poca cosa, no, lo voy a solucionar sola con mis hijos, no tengo por qué perjudicar a los autoridades, no (sic).

Raymundo pregunta sobre Román Quian

– Pues todavía no vemos nada, todavía no vemos nada. Pero se lo dije cuando fue allá en la Casa de la Tercera Edad, se lo dije: “Román, le digo, pero no te vayas a olvidar de nosotros, acuérdate de nosotros cuando tú llegas en tu puesto”, le digo, “o no te vamos a volver a ver hasta quién sabe cuándo”, le digo (sic).

– “No, no va a pasar eso Juana Caamal”, dijo, pero hasta ahora no lo hemos visto. Sí, hasta ahora no lo hemos visto. No ha ayudado para nada, nada. Hasta decirte, de antes allá, daban mensuales las despensas, ahorita pues nada. Nada, nada (sic).

– ¿Más apoyos?

– Pues eso pensó la gente, porque como es nacido de acá de Playa del Carmen, eso pensaron, que va a ayudar más a su gente, pero de lo que veo no, no es así, no es así (sic).

– Pues allá en Lázaro Cárdenas, bueno allá pertenecemos de antes en el municipio, pero siempre es Quintana Roo; esos desde que entraron los que ya entraron, mensual le están dando despensa a los de la tercera edad. Sí, pero acá nada (sic).

– Antes que entrara Román allá en su puesto, había policías, ahora no hay, no hay. Así es, en vez que nos vaya bien, nos está yendo peor, si de antes había muchos rateros y todo acá, pero ahorita acá sí, ya no hay… bueno, acá ya no entran porque ya nos robó todo lo que nos debe de robar, pero todo, todo nos robó. Donde la cocina, como allá la cocina, allá chan lejitos, allá prendo mi candela, allá hacemos nixtamal porque también vendemos masa así… y entonces, pues todo lo que es el traste lo llevaron (sic).

– Ollas grandes que tenía desde en el pueblo, todo lo llevaron, pero ahorita veo que no ha entrado otra vez porque no hay nada que lleva, sólo lo que chan tenemos acá, sí, ya nos dejó en la calle (sic).


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