El color de la política expresa muchas veces más que las palabras. Los partidos han construido durante décadas una identidad visual que hoy forma parte del imaginario colectivo de los electores: basta un tono para reconocer una fuerza política, recordar una campaña o asociar determinados valores con un candidato. Aunque el voto va más allá del color o el logotipo, también es cierto que responde a la imagen pública y a la comunicación visual.
Para entender el papel que desempeña la psicología del color en la construcción de la imagen pública, NewsDay Caribe conversó con la especialista en imagen pública Merle Guadarrama, quien explica por qué el color burgundy —identificado con el partido Morena— proyecta determinadas cualidades y cuál es el verdadero alcance que tiene la cromática dentro de una estrategia de comunicación política.
–En los últimos años, el color guinda ha cobrado una presencia predominante en la vida política del país. Desde la perspectiva de la imagen pública y la psicología del color, ¿qué comunica este tono y qué tan importante puede ser dentro de la construcción de la identidad de un partido político?
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-En imagen pública, el uso del color es una herramienta muy importante que puede jugar a tu favor o no; estos nos proporcionan información y evocan emociones.
El color burgundy (borgoña) es uno de los tonos más poderosos dentro de la psicología del color, porque combina la intensidad del rojo con la sobriedad del vino tinto. Dependiendo del contexto, proyecta cualidades como elegancia, autoridad y sofisticación.
-El color de la política: ¿Qué comunica el burgundy?
-En imagen personal y política, el burgundy comunica lo siguiente:
Poder con discreción: no es un rojo estridente; transmite liderazgo sin parecer agresivo.
Elegancia y lujo. Se asocia con vinos finos, terciopelo y materiales premium, por lo que suele percibirse como un color refinado.
Madurez y experiencia. Da una sensación de estabilidad, conocimiento y confianza.
Seguridad y determinación. Quien lo utiliza suele proyectar firmeza y autocontrol.
Calidez sofisticada. Es más cercano que el negro, pero igual de formal.

-¿En una elección, el color de un partido político influye en la toma de decisión del voto?
-Sí, puede influir, pero su efecto suele ser indirecto y relativamente mínimo en comparación con factores como la identificación partidista, las propuestas, la evaluación del gobierno, la economía o el carisma del candidato.
Desde la psicología del color y la comunicación política, el color funciona principalmente de tres maneras:
Reconocimiento e identidad. Los colores ayudan a identificar rápidamente a un partido.
Los colores pueden generar impresiones casi instantáneas. Por ejemplo:
El azul suele asociarse con confianza y estabilidad.
El verde con esperanza o sostenibilidad.
El rojo con energía, fuerza o cambio, aunque su significado varía según el contexto cultural.
El guinda (como el de Morena) puede evocar autoridad, tradición y sobriedad.
Cuando el color es la marca política
Cuando el color, el discurso y la imagen del candidato son consistentes, el electorado suele percibir al partido como más sólido y reconocible.
–¿Un color puede hacer que alguien cambie su voto?
-Por sí solo, es poco probable. El color rara vez convence a un votante indeciso por sí mismo. Lo que sí puede hacer es:
Aumentar el recuerdo de una campaña.
Facilitar el reconocimiento del partido.
Reforzar emociones ya existentes.
Influir en las primeras impresiones, especialmente entre personas con bajo interés político o poca información sobre las opciones.
En México, el efecto del color puede ser mayor porque los partidos han construido identidades visuales muy fuertes durante décadas. La mayoría de la población identifica inmediatamente:
PAN con el azul.
PRI con el tricolor (predominantemente rojo).
Morena con el guinda (burgundy).
Movimiento Ciudadano con el naranja.
PVEM con el verde.
Esa familiaridad hace que el color active asociaciones y recuerdos, aunque no determina automáticamente la decisión de voto.
El color sí influye en la percepción y puede contribuir a la decisión electoral, pero normalmente actúa como un elemento de apoyo dentro de una estrategia más amplia de comunicación política. Es más preciso decir que el color ayuda a moldear la percepción del candidato o del partido que afirmar que decide el voto por sí solo.
Como stylist, te puedo comentar la lectura simbólica de este color:
-Autoridad, sin la agresividad de un rojo intenso.
-Seriedad y estabilidad.
-Tradición y arraigo.
-Cercanía por su relación con tonos tierra y vino.
-Fuerza con un matiz más sobrio y menos estridente.
Por esas asociaciones, el burgundy suele percibirse como un color que proyecta liderazgo y firmeza, lo que explica por qué resulta atractivo en identidad política.
No solo importa si el color “queda bien”; también se debe reforzar el mensaje que la persona quiere transmitir.
–El color y los políticos; ¿qué efecto logran con el burgundy?
En imagen política el burgundy funciona muy bien para aspirantes y candidatos que buscan comunicar:
-Liderazgo sereno.
-Cercanía con profesionalismo.
-Experiencia sin verse rígidos.








