Las mujeres toman el poder

En un pasado no muy lejano, la discusión pública giraba alrededor de una pregunta que hoy es completamente anacrónica: ¿están preparadas las mujeres para gobernar?

Esta interrogante se repetía una y otra vez en los círculos políticos, en espacios académicos, en programas de radio y televisión, entre los líderes de opinión y periodistas, como si la capacidad para tomar decisiones, administrar recursos o dirigir el rumbo de un territorio dependiera del género.

Hoy esa discusión simplemente está enterrada y olvidada en el rincón. México tiene, por primera vez, una mujer presidenta y, a lo largo del país, gobernadoras, alcaldesas, legisladoras y funcionarias ocupan espacios públicos del primer orden de decisión, mismos que durante décadas estaban reservados para los hombres.

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Y más allá de este favorable viraje generacional, se encuentran los resultados.

La más reciente medición de Consulta Mitofsky, publicada por NewsDay Caribe, muestra una fotografía nítida sobre el desempeño de varias alcaldesas. Estefanía Mercado, de Playa del Carmen, alcanza 62.4 por ciento de aprobación.

En Benito Juárez, Ana Paty Peralta registra una aprobación del 64.7 por ciento; Alessandra Rojo de la Vega, de la alcaldía Cuauhtémoc, en la Ciudad de México, obtiene 60.3 por ciento; Carla Córdova, de Guaymas, Sonora, registra 55.8 por ciento, y Geraldine Ponce, de Tepic, Nayarit, 54.2 por ciento, por nombrar solo algunas.

Vale la pena destacar que, más allá de las diferencias políticas, ideológicas, territoriales y administrativas, estos números de aprobación social demuestran que las mujeres al frente de gobiernos municipales cuentan con el respaldo ciudadano, derivado del reconocimiento a su labor.

La equidad de género en la política dejó de ser únicamente una reivindicación de derechos y una concesión gratuita con respecto a la deuda histórica hacia las mujeres, para convertirse en una realidad de ejercicio del poder.

Las mujeres ya no necesitan demostrar su capacidad para que el club de Tobi les otorgue acceso al poder. Hoy las mujeres, como cualquier gobernante, deben ser evaluadas por sus decisiones, sus resultados y la confianza que generan entre los ciudadanos.

Dicho lo anterior, me quiero detener en el caso de Playa del Carmen.

Estefanía Mercado se encuentra entre las alcaldesas mejor evaluadas del país, con una aprobación del 62.4 por ciento. Esta cifra no es cosa menor, considerando los desafíos de un municipio marcado por el crecimiento acelerado, las exigencias ciudadanas y una intensa competencia política.

Adicional a ello, la dimensión de la aprobación adquiere mayor relevancia al observar el escenario electoral de 2027.

Playa del Carmen tiene una historia marcada por la no reelección consecutiva de sus presidentes y presidentas municipales. Este fenómeno ha sido una barrera que nadie ha conseguido superar. Pero hoy parece que Estefanía Mercado tiene frente a sí la posibilidad de romper la maldición.

La fortaleza de la presidenta municipal morenista no está en la debilidad de la oposición, la cual parece no tener el entusiasmo para pelear en las urnas ni una regiduría; no, la fuerza de Mercado se ubica en sus propios niveles de aprobación.

La competencia al interior de Morena comenzó hace unos días con la inscripción de varias personas cuyo interés es disputarle el poder a Estefanía, pero todo indica que la alcaldesa cuenta con un activo político que ningún aspirante tiene hasta el momento, y se trata de un 64 por ciento del reconocimiento ciudadano.

Es claro que la aprobación por sí sola no significa automáticamente intención del voto, y tampoco garantiza una victoria electoral. Pero sería ingenuo desconocer esta evaluación social con la que llega Estefanía Mercado al último trimestre del año.

Por ello, hoy en Playa del Carmen, la alcaldesa tiene una oportunidad de oro para convertirse en la protagonista de un hecho político sin precedente en la historia reciente del municipio: la reelección consecutiva.

La última palabra está en manos de las y los playenses; todavía falta tiempo para que las casillas se instalen a lo largo de todo Quintana Roo, pero lo que ya es una realidad es que las mujeres dejaron de pedir permiso para gobernar.

Nos vamos leyendo.

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