Existen otras familias que se han resistido a mudarse y vender su vivienda, pese a la gentrificación, ya que no es un tema de ambición económica, sino de arraigo a la tierra y de seguir disfrutando que habitan a unas calles del mar turquesa.



En el marco de la etapa final de la actualización del Programa de Desarrollo Urbano (PDU) de Playa del Carmen que realiza el gobierno de Estefanía Mercado, NewsDay Caribe platicó con personas que han presenciado el desarrollo de Playa del Carmen, ciudad con el crecimiento más acelerado de Latinoamérica.
| A partir de hoy, en NewsDay Caribe abrimos una ventana al alma de nuestra región con “Historias de Playa”, un espacio donde cada semana daremos voz a quienes han construido, transformado y dado identidad a este rincón del país. Desde las arenas de Playa del Carmen, Tulum, Cancún, Cozumel, hasta Chetumal, compartiremos conversaciones íntimas con mujeres y hombres cuyas vidas están entrelazadas con el crecimiento y la esencia del Caribe mexicano. Son relatos que nacen frente al mar, cargados de memoria, esfuerzo y pasión, y que hoy queremos preservar como huellas vivas de una tierra que no deja de reinventarse. ¿Tienes una historia que contar sobre el Caribe mexicano? Queremos escucharte. Escríbenos y forma parte de Historias de Playa. Contáctanos en: [email protected] En esta entrega presentamos testimonios de resistencia en Playa del Carmen que se aferran a sus raíces, Juana Chimal y Juan de la Cruz. |
Sin ambición de ocupar grandes terrenos, sólo tener un espacio era suficiente
Juana Kumul Chimal fue esposa de José Hernán Dzib May, hijo de uno de los fundadores de Playa del Carmen y es hija de los primeros migrantes que arribaron a la ciudad, porque sus padres fueron quienes abrieron el camino en medio de una densa selva hacia Playa del Carmen.
“Ellos trabajaban en la carretera federal de Playa del Carmen hasta Tulum; era el año de 1965”, dijo.

Manifestó que ni ella ni el resto de sus familiares tenían la ambición de ocupar grandes terrenos, porque no sabían el enorme valor que alguna vez tendrían las propiedades.
“Con tener un espacio somos felices”, dijo.
Juana también recalcó que muchas personas que se han dicho grandes inversionistas siguen llegando y, con una actitud de regateo, pretenden comprar su vivienda al precio que ellos quieren imponer, para luego comercializarla en dólares, como lograron hacerlo con otros de sus vecinos.
Entre la gentrificación, privatización y el apego a la tierra
Hoy padecen la mala planeación de la ciudad y consideran que los grandes edificios, donde hay hoteles y rentas vacacionales, son los culpables de saturar el drenaje, que termina rebosando aguas negras sobre la calle Primera Sur.
En el tiempo de evolución de la ciudad, no les ha dejado percatarse en qué momento el turismo empezó a dispersarse, porque hubo una época en la que los mismos estadounidenses regalaban cosas que tenían a los pobladores de Playa del Carmen, indicó Juana.
Los primeros pasos entre selva y caminos abiertos
Relató que sus padres, Felipe Kumul Kumul y Feliciana Chimal Chan, provenían de Chemax, Yucatán. Con un año de nacida y junto con sus hermanos, de cinco y seis años, viajaron con ellos, ya que se movilizaban por la Península de Yucatán porque chapeaban para abrir camino.
Juana Kumul, de 60 años, recordó que llegó a vivir a Playa del Carmen cuando tenía 13 años. En esa época ya estaba la familia Quian y los maestros Aaron, Felipe, María y Domingo.
“Mi papá empezó a trabajar como chiclero y mi mamá atendía a los chicleros, llevándoles agua y comida”, dijo.
Mencionó que, en sus inicios, habitaron en el ranchito “La Gloria”, que estaba en la alcaldía de Puerto Aventuras.
Recordó que pudieron disfrutar de las playas de Puerto Aventuras porque se iban caminando mientras bajaban cocos; sin embargo, ahora está privatizado y la gente de la alcaldía no puede cruzar con facilidad hacia el mar.
Juana Kumul señaló que por las playas de Paamul podían sacar maderas preciosas y existía mucha bonanza para los habitantes.
Indicó que sus hermanos y ella pudieron disfrutar de la belleza de las playas, donde la arena era como talco, pero que con el paso del tiempo esto ha ido cambiando.
La época en que la selva convivía con los hogares playenses
La playense mencionó que sus padres habitaron en el centro y que la calle Primera Sur fue una de las principales de Playa del Carmen, porque es el área donde todavía habita y que llegó a ser la primera zona urbana.




Juana Kumul rememoró que era natural habitar entre venados y demás animales que rodeaban las viviendas.
El hotel Molcas puede decirse que fue el primero en su tipo en el municipio y estaba ubicado en la calle que comunica a la Terminal Marítima de Playa del Carmen, a un lado del exlocal Señor Frog’s, porque empezaba a haber mucho turismo proveniente de los cruceros de Cozumel, indicó.
Mencionó que trabajó en el hotel Molcas en el servicio de limpieza y como camarista, cuando conoció al padre de sus hijos (q.e.p.d.). Posteriormente volvió a unir su vida con Juan de la Cruz, de Tizimín, Yucatán, quien también llegó a Playa cuando tenía 15 años para trabajar como mecánico.
“Mi papá fue el partero de la familia; él me ayudó a alumbrar y mi mamá le ayudaba. Mi papá tenía su don, porque atendió a mi mamá cuando parió a 10 niños”, dijo Juan.
La transformación social y la llegada de nuevos habitantes
Juana y Juan recordaron que, cuando arribó la migración de otros mexicanos, las peleas por los terrenos sobresalieron, pero mucha gente maya no se involucraba para mediar, porque eran habitantes provenientes de Chiapas y solucionaban sus disputas a machetazos; no había presencia del gobierno.
Tras lo anterior, Juana y Juan mencionaron que el efecto de comenzar a ver más turistas extranjeros y obreros nacionales, así como el impacto de sus costumbres en el incipiente destino turístico, reforzó entre la población maya que sus uniones afectivas fueran con personas de sus mismas raíces.
Juan de la Cruz indicó que la dinámica turística en Playa del Carmen y el ritmo de trabajo de una ciudad nocturna también influyeron en que se perdiera la costumbre de que las familias salieran a las puertas de sus hogares para refrescarse del calor, cenar y convivir con los vecinos, mientras los niños jugaban en la calle.
Indicaron que vieron cómo el municipio se conformó por la intervención de líderes sindicales del PRI y las primeras elecciones, siendo Marciano “Chano” Toledo el primer alcalde de Playa del Carmen.
“Gilberto” y sus repercusiones imborrables
Juana recordó que el momento más difícil que padecieron los playenses fue el azote del huracán “Gilberto”, de categoría 5 en la escala Saffir-Simpson, conocido como un “ciclón asesino”, del cual desconocían su verdadero impacto y que inundó toda la ciudad.
Informó que ella y sus cinco hijos pequeños, junto con sus vecinitas, tuvieron que permanecer arriba de una mesa, porque el agua de lluvia que trajo “Gilberto” creció más de un metro.
Gracias a la ayuda de sus vecinos, pudieron salir nadando de su vivienda, ya que toda el área quedó inundada. Afortunadamente, nadie en Playa falleció por “Gilberto”, aunque sí destruyó numerosas viviendas.
Sin archivos, sólo recuerdos
Juanita recordó que durante muchos años conservó fotografías familiares que mostraban cómo era Playa del Carmen en sus inicios, así como imágenes de sus padres, hermanos y momentos importantes de su vida.
Sin embargo, relató que con el paso del huracán “Gilberto” perdió todo, ya que el agua inundó su vivienda y arrasó con pertenencias que guardaba desde hacía décadas.
Aseguró que, aunque las imágenes desaparecieron, la memoria de aquella Playa permanece viva en sus recuerdos.
¿Qué significa ser playense?
“Para mí, ser playense es vivir aquí y que mis hijos hayan nacido aquí. Playa del Carmen es un lugar de todos y, sobre todo, si tienes familia acá. Aunque, si me preguntan, yo respondo que soy orgullosamente yucateca y hablo maya”, señaló.


Juana mencionó que el cambio de nombre del municipio es un poco complicado para los primeros habitantes y que, para ella, la localidad debió quedarse como Solidaridad-Playa del Carmen.








