Elsa Becerra
📸: Óscar Vera.

Historias de Playa: Elsa Becerra, una artista en Cancún que acerca el teatro a donde pocas veces llega

“Lo que hace el teatro es motivarte a expresarte con las herramientas que ya tienes y despertar la chispa de buscar más herramientas para comunicarte”- Elsa Becerra

📸: Óscar Vera.

Esta es una de las muchas razones por las que la actriz, directora y promotora cultural Elsa Becerra ha dedicado años de trabajo a colaborar con infancias de distintas comunidades de Cancún. Escuchar sus historias, inquietudes y experiencias la llevó a plantearse una pregunta que hoy guía gran parte de su labor artística:

¿A quién le hace falta el teatro?

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En esta entrega presentamos a Elsa Becerra, actriz, directora y promotora de teatro comunitario en Cancún que, a través de las artes escénicas, impulsa espacios de encuentro, escucha y participación para fortalecer los lazos entre las familias y comunidades.

“Yo quiero llevar esto a personas que no lo conozcan”: Elsa Becerra

Hace una década, Elsa Becerra llegó a Cancún con una trayectoria ya vinculada al teatro. Descubrió por casualidad desde temprana edad su pasión por los escenarios y decidió convertirla en su proyecto de vida. Sin embargo, con el paso de los años, su trabajo comenzó a tomar una dirección particular: utilizar el teatro como una forma de expresión artística y también como una herramienta para generar cambios en la comunidad.

Desde su llegada a la ciudad en 2016, ha participado en proyectos de teatro escolar, montajes independientes y propuestas escénicas dirigidas a distintos públicos. Su experiencia le permitió observar una realidad que despertó nuevas preguntas: ¿quiénes tienen acceso al teatro y quiénes se quedan fuera de él?

Para Elsa Becerra, el teatro es más que una profesión u oficio: es una herramienta para contribuir a la comunidad donde vive. Con esa convicción, la actriz, directora y promotora cultural ha enfocado gran parte de su trabajo en acercar las artes escénicas a personas que, por distintas circunstancias, tienen pocas oportunidades de acceder a ellas.

Cuando los niños se convierten en inspiración

Impulsada por esa visión, fue beneficiaria del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) 2023-2024, con un proyecto de teatro comunitario desarrollado en la colonia Tres Reyes, una zona ubicada en la periferia de Cancún. Su objetivo era llevar las experiencias del teatro a lugares donde la oferta cultural es prácticamente inexistente y donde, en muchos casos, incluso faltan servicios básicos.

La experiencia le permitió trabajar directamente con niñas y niños de la comunidad, escuchar sus inquietudes y conocer cómo perciben el entorno en el que viven. A partir de ese proceso nació posteriormente No me olvides, proyecto con el que volvió a ser beneficiaria del PECDA 2025-2026.

La obra surge directamente de ese trabajo comunitario. Para Elsa Becerra era fundamental que las personas que inspiraron la historia también pudieran verla representada en escena. Por ello, una de las prioridades del proyecto fue llevar las funciones fuera del centro de la ciudad y presentarlas en espacios cercanos a las comunidades participantes, como una forma de descentralizar el acceso a la cultura.

Las presentaciones se realizaron los días 24, 25 y 29 de junio, así como el 5 y 6 de julio, incluyendo funciones en la propia colonia donde se desarrolló el taller comunitario. La respuesta del público, recuerda, fue muy positiva.

“Creo que logramos el cometido de llevar el teatro a lugares donde muy difícil llega”, señaló.

Ella considera que, al igual que ocurre con conciertos u otras actividades culturales, el teatro suele concentrarse en espacios ubicados en el centro de las ciudades, lo que limita el acceso para muchas familias que viven en zonas alejadas.

“Una como artista o como ciudadana observa a quienes no les llega. Esa ha sido una constante también en mi quehacer artístico: preguntarme a quién le hace falta el teatro”, explicó.

Esa pregunta también la ha llevado a desarrollar otros proyectos enfocados en públicos específicos, como el teatro para bebés, una propuesta poco común en Cancún y pensada para acercar experiencias artísticas a las primeras infancias y sus familias.

📸: Óscar Vera.

En el caso de No me olvides, el proceso creativo comenzó escuchando a las niñas y niños que participaron en el proyecto comunitario. A través de dinámicas y conversaciones, identificó cuáles eran sus principales preocupaciones, qué observaban de su entorno y cuáles eran las historias que marcaban su vida cotidiana.

De esas sesiones surgieron temas recurrentes: vecinos que apenas se conocen, conflictos dentro de las comunidades, la importancia de los abuelos en la crianza de los niños y la transformación de las dinámicas familiares.

“Los niños observaban cómo era su entorno, cómo los vecinos se la pasaban peleando, que había vecinos muy enojones e incluso vecinos que ni siquiera se conocen”, recordó.

También detectaron cómo muchos de ellos pasan gran parte del tiempo con sus abuelos mientras sus padres trabajan, una realidad que ha transformado las formas de convivencia entre generaciones.

Con todas esas ideas, Elsa comenzó a construir la historia de Rita, una niña que emprende un viaje para rescatar recuerdos, memorias y enseñanzas. A la narrativa se integraron además cuentos e historias que los propios participantes recordaban haber escuchado de sus abuelos, maestros o familiares.

La decisión de trabajar temas como la memoria, el afecto y la escucha surgió precisamente de esas experiencias compartidas.

“Las historias siempre han tejido la dinámica social: los cuentos, las leyendas, los saberes. De ahí surge una memoria colectiva”, afirmó.

La obra también plantea una reflexión sobre qué ocurriría si esas memorias desaparecieran. Por ello, uno de los personajes centrales es una abuela que comienza a perder sus recuerdos, mientras el protagonista intenta rescatarlos a través de relatos y cuentos.

Más allá de la puesta en escena, Elsa Becerra espera que la experiencia motive a las familias a reencontrarse y dedicar tiempo a escucharse.

“Me gustaría que se tomaran el tiempo de sentarse en la mesa y contarse historias, compartir sus sentires. Creo que ese es un paso importante para reforzar el tejido familiar y el tejido social”, señaló.

Desde su perspectiva, el teatro comunitario puede convertirse en una herramienta para fortalecer la comunicación y crear nuevos espacios de expresión.

“Encontrar nuevas formas de expresarse siempre va a fortalecer la comunicación”, afirmó.

“El teatro es muy poderoso porque todo se logra a partir del juego. Lo que hace es motivarte a expresarte con las herramientas que ya tienes y despertar la chispa de buscar nuevas formas de comunicar lo que sientes”.

Tras concluir las presentaciones de No me olvides, la creadora escénica espera que el proyecto continúe creciendo. Entre sus planes se encuentra realizar una temporada abierta al público e impulsar funciones en escuelas para que más niñas, niños y familias puedan conocer la historia.

“Me encantaría que las personas asistieran al teatro en familia o, mejor aún, un abuelo acompañado de su nieto. Creo que es un buen pretexto para reforzar ese vínculo”, comentó.

La intención, agrega, es seguir abriendo espacios para que el teatro llegue a más personas y continuar demostrando que las historias nacidas en las comunidades también merecen ser escuchadas sobre un escenario.

Treyectoria artística

Originaria de Tepatitlán de Morelos, Jalisco, Elsa Becerra es actriz de teatro y artista audiovisual con una trayectoria de más de 15 años en las artes escénicas. A lo largo de su carrera ha destacado por construir una conexión cercana con el público y por abordar historias que invitan a la reflexión desde la honestidad y la sensibilidad.

Su formación ha estado acompañada por diversos talleres y diplomados que le han permitido explorar distintas disciplinas teatrales, desarrollándose de forma profesional en los últimos siete años. Desde 2016, tras su llegada a Cancún, ha desarrollado gran parte de su trayectoria profesional en Quintana Roo, donde se integró a la compañía Nunca Merlot Teatro y participó en diversos montajes bajo la dirección de Saúl Enríquez y Abigail Soqui.

Entre sus trabajos más recientes destacan las puestas en escena La mirada de los invisibles, de Saúl Enríquez; La furia de Nicolás, seleccionada para el Programa Nacional de Teatro Escolar (PNTE) 2019 bajo la dirección de Óscar López; así como el proyecto de teatro comunitario Juntos por la Paz, impulsado por la Secretaría de Cultura. También formó parte de Toro, escrita y dirigida por Saúl Enríquez, y de Amor: laberintos para cuerpos y pantallas, montaje presentado en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro 2022, en España.

Actualmente participa en la obra Peztosos, escrita por Luis Eduardo Yee y dirigida por Abigail Soqui; así como en presentaciones de “Shiran y el sol”, una historia de Elsa Becerra con una propuesta sensorial para bebés de 0 a 3 años.

Además, concluyó una serie de presentaciones de la dramaturgia No me olvides, proyecto que dio continuidad al trabajo comunitario que la artista desarrolló con anterioridad, con estímulo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales, en coordinación con el Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) Quintana Roo 2025, la cual cuenta con la codramaturgia de Elsa Becerra y César Sierra, bajo la dirección de la propia Becerra, con un elenco integrado por César Sierra, Elsa Becerra y Regina Escalera.

“Fuera del escenario, soy mamá”: Elsa Becerra

Elsa Becerra se define primero como mamá. Actualmente, gran parte de su atención está enfocada en el bienestar y desarrollo de sus hijos, una experiencia que también ha influido en la manera en que concibe su trabajo artístico.

La observación es una constante en su vida. Aunque le interesa lo que ocurre en su entorno y en la comunidad donde vive, reconoce que hoy su principal influencia son sus propios hijos y las necesidades que identifica en su crecimiento.

Sin embargo, su relación con el teatro comenzó mucho antes de convertirse en madre y, como ella misma recuerda, fue gracias a una casualidad.

Cuando tenía 12 años y cursaba la secundaria, acudió a una biblioteca para realizar una tarea escolar. Mientras buscaba a una compañera de equipo, descubrió que se encontraba en una clase de teatro. La maestra la invitó a entrar junto con sus amigos y, en lugar de continuar con la tarea, decidió quedarse a observar. Aquella decisión cambió el rumbo de su vida.

Desde entonces comenzó a asistir cada sábado a las clases de teatro y nunca más se alejó de los escenarios. Años después, al momento de elegir una profesión, tuvo claro que quería dedicarse a las artes escénicas y emprendió un proceso constante de formación a través de talleres, obras, cursos y ponencias.

En ese camino reconoce la influencia de quienes la impulsaron a creer que el teatro podía convertirse en una forma de vida. Entre ellos destaca a sus primeros maestros, Lilia Mora Cruz e Ignacio Cortés Márquez, quienes sembraron en ella la convicción de que era posible desarrollarse profesionalmente dentro de esta disciplina.

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“El teatro es un arte vivo”: Elsa Becerra

Esa experiencia personal también explica por qué gran parte de su trabajo actual está enfocado en el teatro comunitario.

Para Elsa, todo comenzó con aquella niña que descubrió por primera vez el teatro y encontró en él una nueva manera de contar historias, comunicarse y relacionarse con otras personas. Con el tiempo, esa vivencia se transformó en una motivación: acercar el arte a quienes nunca han tenido contacto con él.

“Yo quiero llevar esto a personas que no lo conozcan”, comentó.

Aunque valora el reconocimiento del público habitual de los teatros, asegura que una de las experiencias más gratificantes es observar la reacción de quienes asisten por primera vez a una función.

Ver cómo alguien descubre que existen otras formas de narrar historias, de expresar emociones o de conectar con los demás a través del arte es, para ella, una experiencia especial.

“Es como reclutar más corazones”, dijo.

Esa convicción también responde a su visión del teatro como una de las pocas artes vivas que mantienen una conexión directa entre artistas y espectadores. A diferencia de otros formatos, explica, una obra ocurre frente a los ojos del público, en tiempo real, con personas que sienten, respiran y comparten emociones en el mismo espacio.

Por ello considera importante seguir llevando el teatro más allá de los recintos tradicionales y acercarlo a nuevos públicos.

“Existe esa necesidad de ir allá afuera, de ir más lejos y decir: ‘Esto existe’”, afirma.

Para Elsa, esa cercanía es precisamente lo que mantiene vigente al teatro y lo convierte en una herramienta capaz de generar encuentros, despertar emociones y fortalecer los vínculos entre las personas.

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Las infancias también tienen algo que enseñar

Trabajar con niñas y niños ha transformado la manera en que Elsa Becerra entiende el teatro, la educación y la vida cotidiana. Una de las principales lecciones que ha obtenido de ellos es la capacidad de asombro.

Considera que los adultos suelen dar muchas cosas por sentadas, mientras que las infancias conservan una curiosidad constante por aquello que les rodea. Sus preguntas, observaciones y formas de interpretar el mundo se han convertido en una fuente permanente de aprendizaje para su trabajo creativo.

“Uno subestima mucho a los niños y a los bebés. Pareciera que nosotros tendríamos que enseñarles a vivir, a hacer teatro o a entender el mundo, pero los niños tienen muchísimo que enseñarnos”, reflexionó.

Para la creadora escénica, el aprendizaje no proviene únicamente de la formación académica o de grandes especialistas. También puede encontrarse en la vida cotidiana, en las personas que conviven con nosotros y, especialmente, en las infancias.

“Los maestros siempre van a estar a un lado de ti, enfrente de ti o incluso en el vecino de enfrente. Ahí están los maestros”, afirma.

Teatro para bebés, una apuesta por las primeras infancias

Esa visión la llevó también a desarrollar un proyecto de teatro para bebés, una iniciativa que surgió en 2023 a partir de una convocatoria del Instituto de Cultura de Benito Juárez para la creación de espectáculos dirigidos a las primeras infancias.

Aunque a primera vista parece una propuesta distinta a No me olvides, Elsa explica que ambos proyectos comparten un mismo origen creativo. De hecho, describe esta experiencia como una especie de “hermana gemela” de la obra nacida de su proyecto PECDA.

Mientras uno aborda temas relacionados con la memoria, el entorno y las relaciones humanas, el teatro para bebés retoma algunas de esas inquietudes y las adapta a un público muy particular: niñas y niños, de entre cero y tres años.

La diferencia principal radica en el diseño de la experiencia escénica. Los espectáculos incorporan estímulos musicales, visuales y sensoriales pensados específicamente para captar la atención de los más pequeños durante un periodo de entre 15 y 20 minutos, que es el tiempo promedio en el que pueden mantener la concentración.

Sin embargo, Elsa Becerra aclara que el teatro para bebés no es una versión simplificada del teatro tradicional. Como cualquier montaje profesional, cuenta con una historia, un concepto escénico, diseño musical, propuesta visual y una estructura dramatúrgica.

La particularidad es que los espectadores pueden interactuar directamente con el espacio escénico. Después de la función, los bebés tienen la posibilidad de acercarse, tocar y jugar con los elementos que forman parte de la puesta en escena, convirtiéndose no solo en espectadores, sino también en participantes activos de la experiencia.

Actualmente, el proyecto de teatro para bebés continúa activo. Tras su desarrollo en 2023 y sus primeras funciones en 2024, tuvo una nueva temporada en 2025 y este año regresa con nuevas presentaciones gratuitas el 19 y 26 de julio en el Teatro 8 de Octubre, dirigidas a bebés acompañados por sus cuidadores.

Más allá de las funciones, la iniciativa refleja una de las convicciones que han acompañado a Elsa Becerra a lo largo de su trayectoria: el arte debe ser un espacio abierto para todas las personas, sin importar su edad, condición o lugar de origen.

El derecho de las infancias a vivir la cultura

Además de acercar el arte a los más pequeños, el proyecto busca generar espacios donde las familias puedan compartir experiencias culturales desde los primeros años de vida.

La motivación de Elsa surgió también a partir de experiencias personales como madre. Recuerda que, en una ocasión, asistió con su hija a una presentación coral. Mientras la niña observaba con entusiasmo a los artistas y hacía preguntas sobre lo que veía, una espectadora le pidió guardar silencio de manera brusca.

Aquella situación la llevó a reflexionar sobre la forma en que las infancias suelen ser excluidas de ciertos espacios culturales, pese a que también tienen derecho a disfrutarlos.

“Todos los espectadores tenemos el mismo derecho de ver, de asistir o incluso de practicar un deporte”, señaló.

Cabe mencionar que, como ella hizo mención, en el artículo 4° de la Constitución garantiza el interés superior de la niñez y reconoce el derecho de toda persona al acceso a la cultura; este derecho se desarrolla de manera específica en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, que reconoce la participación de niñas, niños y adolescentes en la vida cultural y las artes.

Por ello considera que los adultos tienen la responsabilidad de generar propuestas incluyentes que permitan a niñas y niños acercarse al arte desde edades tempranas.

“Todo niño tiene derecho al acceso a la cultura. Entonces también es nuestro derecho y nuestra obligación, como adultos, crear este tipo de espectáculos”, afirmó.

Historias que nacen de escuchar

A lo largo de los años, Elsa Becerra ha trabajado con decenas de niñas y niños. Aunque reconoce que muchos la han marcado de distintas maneras, asegura que siente una especial admiración por aquellos que observan en silencio.

Los niños más reservados suelen sorprenderla cuando encuentran un espacio seguro para expresarse. En esos momentos, explica, comparten inquietudes y reflexiones con una honestidad que rara vez encuentra en los adultos.

“Cuando alguien nos pregunta cómo estamos, muchas veces respondemos ‘bien’ sin pensarlo o sin sentirlo realmente. En cambio, un niño suele ser honesto y te dice cómo está”, comentó.

Esa sinceridad se ha convertido en uno de los principales aprendizajes que le han dejado las infancias. Más que hacerles preguntas, considera que necesitan espacios donde puedan expresar libremente aquello que les preocupa, les emociona o les genera curiosidad.

“Son honestos y abiertos. No necesitan muchas preguntas; más bien necesitan espacio para expresar inquietudes que ni siquiera les estás preguntando”, señaló.

Cancún como fuente de inspiración

Desde su llegada a Cancún, Elsa también ha encontrado en la ciudad una fuente constante de inspiración para su trabajo creativo.

Considera que vivir en un lugar donde convergen personas provenientes de distintos estados del país y de diferentes partes del mundo le ha permitido ampliar su visión y comprender otras formas de pensar, vivir y relacionarse.

La diversidad cultural de Cancún, explica, ha influido en la manera en que construye personajes y observa la realidad. Aspectos tan cotidianos como los acentos, el clima, las costumbres o la forma en que las personas se comunican terminan convirtiéndose en elementos que nutren su trabajo escénico.

“Estos proyectos surgen precisamente de lo que vivo aquí”, afirma.

Incluso experiencias que hoy forman parte de la vida cotidiana en el Caribe Mexicano, como la temporada de huracanes o la relación constante con el mar, han modificado su forma de observar el entorno y de construir historias.

Crear desde la honestidad

Como muchos artistas independientes, uno de los mayores desafíos que ha enfrentado ha sido encontrar la manera de vivir profesionalmente del teatro.

“No es fácil mantenerse o mantener una familia únicamente con el teatro”, reconoció.

Sin embargo, considera que uno de los retos más importantes de su carrera fue asumir el liderazgo creativo de proyectos propios como No me olvides.

A diferencia de su trabajo como actriz, donde suele integrarse a propuestas dirigidas por otras personas, en este proyecto tuvo que construir desde cero la idea, la estética y la experiencia que quería transmitir al público.

“Yo diseñé el concepto. Tenía muy claro cómo quería que sonara la obra, cómo quería que se viera y cómo quería que se sintiera”, recordó.

Ese proceso también la enfrentó a inseguridades personales y al llamado síndrome del impostor, esa sensación de creer que aún no se tiene la experiencia suficiente para asumir determinados retos. A pesar de ello, encontró una motivación que sigue guiando su trabajo: la honestidad.

A lo largo de su trayectoria ha visto grandes producciones con presupuestos considerables, escenografías impresionantes y complejos diseños técnicos. Sin embargo, también ha descubierto que algunas de las experiencias más significativas han surgido de proyectos independientes realizados con recursos limitados, pero con una profunda sensibilidad humana.

“Uno aprende a identificar dónde está la honestidad”, afirmó.

Para ella, la fuerza del arte no depende necesariamente del presupuesto, sino de la capacidad de conectar genuinamente con las personas.

“Entender que no necesitas tanto para comunicarte con amor” es una de las enseñanzas que más valora de su experiencia profesional.

El futuro del teatro comunitario

Cuando imagina el futuro, Elsa Becerra visualiza un Cancún donde existan más proyectos de teatro comunitario trabajando de manera colaborativa.

Su deseo es que, dentro de los próximos años, se consolide una red de grupos capaces de contar sus propias historias desde las comunidades y establecer vínculos con otras iniciativas similares dentro y fuera del estado.

“Me gustaría que hubiera una comunidad de comunidades de teatro comunitario”, compartió.

La meta, explica, sería construir conexiones que permitan fortalecer este tipo de trabajo a nivel municipal, estatal e incluso nacional.

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“Yo creo que desde escribir nuestras propias historias, desde ahí se empieza a hacer teatro”: Elsa Becerra

Para las niñas, niños y adolescentes que sueñan con dedicarse al arte, ella tiene un consejo sencillo: comenzar.

Considera que el teatro puede iniciar mucho antes de pisar un escenario. Puede comenzar leyendo historias, escribiéndolas o imaginando personajes propios.

También invita a buscar espacios de formación artística, ya sea a través de la música, la danza o cualquier otra disciplina, pues considera que todas las artes terminan encontrándose y alimentándose entre sí.

Una invitación a vivir el teatro

Para finalizar Elsa Becerra hace una petición directa al público: asistir a los espacios culturales y apoyar las propuestas artísticas locales.

Considera que el teatro solo puede existir si hay espectadores dispuestos a compartir la experiencia.

“Es muy importante que haya público para que el teatro siga existiendo”, señala.

En ese sentido, destaca que Cancún atraviesa actualmente un momento importante para la actividad cultural, con una oferta cada vez más amplia de teatro, conciertos y distintas expresiones escénicas.

Por ello, invita a las personas a acercarse a estas propuestas, descubrir nuevas historias y formar parte de una comunidad artística que continúa creciendo en la ciudad.


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