Todos me conocen por Marisol, me llegan invitaciones como Marisol Soledad Díaz Gómez, soy de Valladolid, Yucatán, tiene 38 años que vivimos acá, 27 de marzo del 59 nací, tengo 55 años.
Llegué hace 38 años, no recuerdo en qué año, tengo 36, 37 de casada, vine soltera, me casé en Cancún, en la iglesia de las Palapas porque aquí no había, hice mi fiesta en el Lindavista. Cuando venimos aquí yo tenía 16 años, empezamos a trabajar con mi mamá. Sólo había un restaurante que se llamaba La Tarraya.
Es mi hermano Rafael, después está una hermana que falleció; fuimos 10 hermanos, 6 mujeres, 4 hombres. Una falleció hace 4 años, Irene, le decían Morena.
Sigue un hermano que se llama José, que le dicen el Pícaro, tiene un rancho cerca; tengo un hermano Jorge, Tere, Carlos, yo, Sofie, la séptima; después Glaudila, Eloina y Concepción; una falleció, la segunda de mis hermanas.
Los que vivimos acá es Rafael, Jorge, yo, Tere, mi hermanita Concha de la posada La Doña y nada más.
Mi mamá se llamaba María del Socorro Gómez Castro.
La llegada de su familia y los primeros comercios de Playa del Carmen
¿Fue de las primeras en llegar a Playa a traer mercancía?
Marisol Soledad Díaz Gómez: Sí, yo tenía como 7, 8 años y mi mamá viajaba acá con mi papá en una camioneta de redilas donde traían carne, pan, frutas, verduras, refresco, todo porque aquí no había nada. Salían de Valladolid a las 4, 5 de la mañana, y llegaban a las 7, 8 de la noche. Todo el camino venían vendiendo en todos los campamentos, porque había mucho campamento y ranchos, ahí vendían. Vendían ropa, vendía de todo mi mamá.
Luego tuvo la oportunidad de comprar, se hizo comadre de casi todo el pueblo, tuvo la oportunidad de comprar en la Quinta Avenida entre Juárez y la 2, la mitad exactamente era de don Emilio Pat y la otra de don Esteban Quian López, sus compadres.
Los dos se ponen de acuerdo y cada uno le vende su fondo y es como adquiere mi mamá su propiedad en la Quinta.
Mi mamá queda en medio porque cada uno le vende su frente, es un terreno de 21 por 51 en la 5 avenida.
El comedor Nuestra Señora del Carmen en la Quinta Avenida
Marisol Soledad Díaz Gómez: Cuando vinimos acá, yo tenía 15 años, puso un comedor que se llamaba Nuestra Señora del Carmen. De la 5av estábamos enfrente del terreno que es propiedad de mi mamá.
Ahí había un cuartito de don Susano, el papá de Jacinto, ahí nos rentaba ese cuartito, esa casita, y ahí puso mi mamá una mesa grande con bancos como de la iglesia y ahí vendíamos comida.
Mientras construía, porque ya habíamos comprado en la Quinta, sólo que a la derecha, hacia la playa.
Nosotros salíamos al patio de la casa y veíamos el mar, había un pozo. Vendíamos comida de mañana, mediodía y noche; en la noche salbutes, caldos; vendíamos pollo que yo mataba.
La gente que comía con nosotros eran los marinos, los soldados del ejército, los camioneros, los taxistas y de ahí empezó a llegar gente como los artesanos, y los pocos que llegaban porque de acá nomás había un autobús que salía a las 5 de la tarde, cuando llegaba el barco.
De donde está la capilla, había una toma de agua como en los pueblitos, ahí había una banca donde se sentaba Manzanilla y vendía boletos, y la gente ahí paraba a comprar sus boletos, pasaba el camión y se iba; nomás había una salida.
Era Autobuses de Oriente, pero mucho antes empieza a venir un camión que le decían “el Mixto”, que es como de esos antiguos, pero le decían el Mixto porque traía todo, gallinas, pavo; tú venías ahí, y gallinas en la parrilla, y tardaba mucho, 6, 7 horas, y así venían también.
Cómo era la vida cotidiana en Playa del Carmen
Marisol Soledad Díaz Gómez: No había nada, de hecho no había tiendas. Nos pusieron agua potable con poliducto negro que conectaron a un cenote; ponían la bomba y nos abastecía de agua; antes era agua de pozo donde sacábamos el agua.
El pozo donde tomábamos el agua es el que estaba donde la iglesia.
Sólo era un pozo, y uno con don Susano, en el patio de don Susano.
Teníamos que ir de uno a otro pozo porque se quedaba sin agua el pozo.
Y no hay tortillería, había una señora por la playa que nos hacía las tortillas cuando, pues, ya no podíamos nosotros porque era demasiado cocinar y cocinar y se nos iba el día.
Los primeros restaurantes y servicios del antiguo pueblo
Marisol Soledad Díaz Gómez: Ya estaba La Tarraya, que era el Cantil de los Tiburones, que es donde estaban los marinos y había una casa larga de paja, y enfrente la escuela donde el mercado de artesanías, y a un costado de la escuela una casa que era la casa del maestro donde estaba el maestro Francisco. Lucio no porque ya tenía su casa, su cuartito de renta, pero en esa casa vivía el maestro Francisco Cardozo, el maestro Felipe, pero primeramente vino uno que se llamaba Jorge México, que es el primer maestro que era el dueño.
¿Cuando llegas entonces el único restaurante era el Cantil?
Marisol Soledad Díaz Gómez: Sí, el Cantil, pues no restaurante, era donde la gente, la misma gente de pueblo se toma una cerveza y van a la playa. De hecho ahí se hacían las bodas; Caloncho ahí hizo su boda. Rosa, la hija de doña Leonides, la del teléfono, ahí hizo su boda.
El teléfono vino después.
Entonces cuando nosotros venimos, donde está la capilla, enfrente vivía don Susano y ahí vendían comida también, era una lonchería.
Atrás estaba La Escondida y también doña Juanita con don Raúl Aguilar, ahí la señora vendía comida; su esposa de don Raúl después le rentó a don Raúl Camarillo, donde eran las tortas de Charly.
Doña Juanita Gómez, esposa de don Luis Aguilar.
Y estaba un restaurante que se llamaba Las Máscaras, que vino después con Alófonos e Isabel, que era su esposa.
Después de todos los Autobuses de Oriente empezaron a llegar los Autobuses del Caribe y nosotros le surtíamos comida a la tripulación del barco que le daba servicio.
Siempre se ha llamado así.
Pero ella empezó a venir como 45, 50 años, venía a vender; traía ropa, mucho tiempo antes de que vengamos a venir ella ya venía, por eso es la comadre de todos ellos, mi papá sólo manejaba.
Después de 5, 7 años deciden traernos porque nosotros estudiábamos la primaria, deciden traernos y es cuando vinimos todos para acá. Yo acababa de cumplir 15 años y acabo de cumplir 55.
La historia de los padres de Marisol Díaz Gómez
Marisol Soledad Díaz Gómez: Mi papá falleció hace 37, 38 años, se llamaba Lorenzo Díaz González.
Él nunca fue militar, ni campesino, era comerciante.
Cuando vivíamos en Valladolid, mi papá tenía un rancho muy grande, lo trabajaban, tenían mucho ganado, sacaban leche que vendían, sacaban el chicle.
Recuerdo que las casas tenían marquetas de chicle y lo apilaban hasta el techo y hacían el papel, y tenía apiario y aserradero.
Papel de cera con lo que sacaban de la miel, el papel como de estraza quedaba.
Entonces tenían caballos, gallinas.
Estaba dedicado a la venta de eso, tenía como 3 o 4 lugares grandes llenos, cría de gallinas, todo alrededor de las paredes eran cajones donde subían las gallinas a dormir.
Era comerciante, vendía miel por tambores y luego empezaron a venir por acá.
Siempre fue comerciante mi mamá, cocinaba, costuraba, le gustaba todo y la gente le tenía cariño, era una persona de la iglesia.
Las tradiciones religiosas y las fiestas de Playa del Carmen
Marisol Soledad Díaz Gómez: Desde que nosotros llegamos, se le vino la idea a ella porque en Valladolid era gente de la iglesia, nosotros del coro de niños, y ella empieza a hacer gremios y trae un conjunto que se llaman Los Tachos, un conjunto de baile porque cuando esto comenzó hicieron vaquería, hicieron los bailes y así adornaban con papeles como de los pueblos. Mi mamá los organizaba a los gremios.
Cuando llegamos, comenzó a hacer gremios, novenas de la Virgen de Guadalupe, del Carmen, las procesiones.
Yo me voy a Mérida a traer una imagen de la Virgen del Carmen y la traje.
Había una, pero traje esa virgen porque mi mamá me dijo: “Hay que ir a Mérida a comprarla”, y la fui a comprar, pero cada año.
De hecho esto se acabó cuando entró Román, cuando Román entra a la presidencia y meten a esta señora Mara en eventos, me dicen ya no porque cada año la Virgen del Carmen la llevaban a la feria y terminando la feria me la volvían a traer.
Y yo les decía que si ustedes quieren, hagan una capilla y se las dono, y la tengo acá y cada año la llevaban a la feria y la volvían a traer todos los años.








