Lo que alguna vez fue un corredor vibrante de artesanías a las puertas de Tulum hoy se apaga. Desde que la administración del Parque Nacional del Jaguar modificó los accesos a las playas, la mitad de los pequeños negocios que dependían del turismo se han visto obligados a bajar la cortina.
“Han cerrado los locales porque, al no haber gente, se tiene que cerrar porque no hay para pagar la renta de los locales, que queda en por lo menos unos 12 mil pesos mensuales (unos 654 dólares)”, relató la comerciante Nora Elena Palacios al diario Sipse.
Tarifas que ahuyentan al turismo
El flujo de visitantes comenzó a desplomarse tras el establecimiento de una única entrada oficial por la carretera federal 307. Quien desee ingresar debe pagar 105 pesos, más los 100 pesos que cobra el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Para Palacios, el precio es la clave del problema: “No hay gente por exceso del cobro del Parque Nacional del Jaguar; ojalá lo dejaran a 100 pesos”.
La presión de los pobladores
El cierre masivo de negocios ha desatado también un pulso social. Vecinos de Tulum han bloqueado la carretera federal para exigir que las playas continúen siendo de libre acceso. Tras las protestas, las autoridades locales, estatales y federales acordaron mantener la gratuidad de un acceso y estudiar la apertura de un segundo paso público hacia la costa.
Una promesa municipal
El presidente municipal, Diego Castañón Trejo, se comprometió a que el acceso sur permanezca abierto sin costo durante todo el año. “Queremos playas libres, queremos simplemente orden y vamos a hacer las cosas bien. Nunca de espaldas al pueblo, siempre de frente”, aseguró.








